QUÉ DEBO – Tareas para un oficialista consecuente

QUÉ DEBO

De un modo u otro todos entendemos que la sociedad – y su expresión institucional máxima: el Estado – existen y más que influenciar, determinan con tanta fuerza nuestras vidas, que resulta imposible alcanzar la calidad de vida con que soñemos – cualquiera sea – de manera aislada.

La valorización de esa percepción divide a los ciudadanos en tres grandes categorías:
a) Una, que después de varios siglos de capitalismo es numéricamente mayoritaria por lejos, que considera a las instituciones como un obstáculo o en el mejor de los casos como un mal necesario. Para esos compatriotas no hay historia fuera de la propia familia. El resto hay que soportarlo o aprovecharlo, según las circunstancias, pero es un escenario ajeno, cuya influencia sobre la vida propia se reconoce – sobre todo cuando es negativa – pero no se intenta ni se concibe una acción en sentido inverso, desde el espacio propio hacia el comunitario. Son los “indiferentes a las instituciones”.
b) Una categoría de dimensión opuesta a la anterior, muy pequeña, que percibe la importancia de las instituciones y tanto las valora, que tiene como prioridad controlar la gestión de los ámbitos principales, para obtener el máximo beneficio personal que se pueda derivar de ese hecho. Son aquellos a quienes llamamos simplificadamente “los dueños del poder”, que han tenido enorme importancia en todas nuestras vidas, con variado grado de visibilidad, desde los orígenes mismos como Nación. Una característica a destacar de este grupo es que le resulta tan natural ejercer el poder, que entra inmediatamente en conflicto con quienes el sistema democrático elije, en caso de no haber sido determinantes de tal elección.
c) Un tercer grupo que admite a las instituciones democráticas como importantes para la vida propia y la del común y que se preocupa por su funcionamiento independiente de los dueños del poder, participando de formas variadas para entenderlas, modificarlas, conducirlas o evaluar el desempeño de terceros a cargo. Esa es la gente que se interesa por la política como un bien común. Es banal intentar medir con precisión la cantidad de integrantes de este subconjunto, pero sugiero considerar que “los demócratas activos” representa alrededor de un 20% de la población como máximo.

No se trata de compartimientos estancos. Es imaginable – lo dejo a cada lector – corporizar casos que pasaron de a) a c), de c) a b) y a la recíproca.
En concreto, la historia argentina muestra que el poder ha tenido dueños la mayor parte del tiempo. En ocasiones, como el tiempo presente, una fracción de los “activos” ha logrado sumar en las urnas a un número de indiferentes suficientemente importante como para acceder a la conducción del Estado sin el permiso de los “dueños”, con todas las restricciones que se derivan de la sucinta descripción anterior.
Esta fracción, que reivindica la doctrina del peronismo de 1945 en más, esencialmente el concepto de justicia social, sostiene como meta superior conseguir que no haya pobres en ningún ámbito y que el conjunto de los compatriotas acceda cada día a una calidad de vida algo superior.
El punto es que ese será el resultado final de múltiples acciones en los más diversos campos, con restricciones externas de una economía mundial globalizada y sumamente tensa, junto con restricciones internas derivadas de la acción de los que cedieron el poder y los errores propios.
Nada es lineal ni clasificable en términos elementales cuando se trata de administrar el conjunto de la sociedad.

QUÉ DEBO

Para los que compartimos la meta de justicia social, la responsabilidad durante 2003-8 fue simple: acompañar y difundir los éxitos fue inmediato y sin contradicciones. Era tan agobiante la sensación de que la crisis anterior la habían parido los especuladores financieros, que poner como prioridad liberarse del FMI y mantener superávits fiscal y externo, a la vez que se traccionaba el crecimiento devolviendo capacidad de consumo a los sectores populares, resultó el camino correcto.
Desde entonces el objetivo esencialmente no se modificó. Se enriqueció el herramental con decisiones como la estatización de las jubilaciones privadas; la creación de la Asignación Universal por Hijo; la ley de movilidad jubilatoria; la toma de control de Aerolíneas Argentinas e YPF. La importancia de este paquete permite calificarlo como una etapa de profundización del proyecto.
Los cinco años transcurridos muestran resultados que, sin embargo, plantean dudas sobre la posibilidad de cumplir la meta sin superar en el camino otros limitantes estructurales. No es el lugar de hacer el análisis causal de detalle, pero lo concreto es que los dos superávits se hacen más difíciles de cumplir; apareció la necesidad – correcta – de limitar el acceso a la tenencia de divisas; los subsidios a los sectores más carenciados se debilitan; la pobreza, el trabajo sin derechos, la desocupación comienzan a girar en valores permanentes, que no se reducen.
Los indiferentes y los dueños del poder, aquellos por los efectos en su vida doméstica y éstos porque creen ver señales que los aproximan al retorno, se quejan o hacen eje en los flancos débiles.
¿Qué deberíamos hacer los que hemos llamado “demócratas activos”, aún aquellos a los que les quepa ese encuadre y que no sean oficialistas?
Los no oficialistas de buena fe, está claro: explicitar las causas de los problemas e identificar las soluciones.
A los oficialistas se nos plantean dos caminos, que normalmente se discuten con calor:
a) Contar con que la conducción política tendrá suficiente capacidad para rectificar los errores, por lo cual ni siquiera es necesario bucear en ellos y lo que debemos es concentrarnos en defender al gobierno frente a los dueños del poder y sus manipulados.
b) Sin poner en discusión la capacidad de la conducción, ejercitar el análisis de las causas de los problemas e identificar las soluciones, si no queremos transigir en nuestras metas.
El segundo camino por supuesto exige ir a fondo en los temas y además necesita que estemos dispuestos s confrontar dentro y fuera del espacio oficialista, pero no en términos burdos de traidores y leales, sino alrededor de la compleja trama que puede llevar a la justicia social, en un medio que debemos asumir como normalmente adverso.
Es tanta la fuerza cultural que tiene la presencia de los dueños del poder que en el campo popular muchos tienden a pensar que quien discrepa con una decisión oficial le hace el juego al adversario. Esa lógica está equivocada.
Tan equivocada está que tiene un subproducto peligroso: genera una sensación de inmunidad interna en funcionarios que dejan de considerar necesario demostrar su idoneidad y terminan comportándose como lo harían aquellos que pretendemos no retornen a la conducción del Estado.
Para mencionar solo temas de la coyuntura, discutir dentro del oficialismo:

. La forma de alcanzar el autoabastecimiento energético y someter a juicio crítico el contrato YPF- Chevron.
. Cómo generar trabajo de calidad al interior del universo de los cinco millones de trabajadores que hoy tienen derechos reducidos o nulos.
. Cómo se mide y cómo se debe medir la inflación y el crecimiento del PBI.
. Cómo se debe administrar las divisas a utilizar en las importaciones.
. Una política de vivienda masiva para los sectores populares que no quedan incluidos en el Plan Procrear.
. Un plan de producción pública de medicamentos real y concreto.
. Una administración ferroviaria enteramente estatal, que maximice el aporte de la industria argentina a su equipamiento.
. La política minera y de integración industrial posterior.
. Las alternativas al enclave electrónico de Tierra del Fuego.
. Una política de explotación a perpetuidad de los montes naturales del país, deteniendo de manera absoluta la deforestación.
. El rol preciso que es admisible para el capital trasnacional, desde una mirada estratégica del desarrollo argentino.

nos daría una ventaja inalcanzable en la competencia democrática.
Los demócratas activos no debemos descansar, detrás de la construcción de un escenario convincente que deje atrás el que diseñaron y congelaron los dueños del poder. Tengamos confianza. Los indiferentes son solo eso, no son estúpidos.
14.9.13

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