primera nota sobre la economía popular

Se busca caracterizar globalmente una política económica para apoyar a todos los sectores productivos que podríamos calificar como excluidos naturales del sistema actual.

ECONOMÍA INFORMAL, POPULAR, SOLIDARIA. ¿QUÉ COSA?

En el capitalismo moderno las empresas tienen un fin central compartido – el lucro – y una gama de formas organizativas que no es muy grande, ya que en definitiva se busca que actúen en el mercado y hagan su aporte a la infraestructura común a través de los impuestos, lo cual se facilita si se dictan normas precisas sobre quien puede formar del sistema y quien no. Todas las unidades que cumplen con las condiciones de base, están en la economía formal.
Sobre el resto hay discusiones muy intensas, muchas veces mal saldadas.
Por un lado se habla de economía informal, o sea se agrupa a todas las unidades que no cumplen con los marcos legales pautados para ser miembros del mercado legalmente aceptado. Es cierto, se puede dividir la economía en quienes cumplen con la legislación y quienes no lo hacen. Sin embargo, a continuación, es inmediato responder por qué sucede eso.
Hay dos situaciones extremas:
a) Para maximizar el lucro.
b) Para permitir la subsistencia.

Un intento riguroso de clasificación de los emprendimientos dejaría en condición de informales a aquellos en que el empresario deliberadamente incumple la ley, con la vocación de maximizar el lucro. El resto queda encuadrado en otra faceta del capitalismo, que es la selección por competencia, que lleva a una concentración creciente por eliminación de parte de los intervinientes. Son los están perdiendo en esa puja, que buscan salvar una posibilidad de generar ingresos, que por definición en su caso son insuficientes, no solo para el consumo familiar, sino también para la capitalización de la empresa.
Esa fracción de la población económicamente activa es a quien se hace referencia confusa, como informal (atributo que hemos visto no es el central), popular, en la base social, solidaria.
No es indiferente la calificación. No lo es, esencialmente, porque a partir de esa definición muy primaria, se puede tirar del hilo que lleva a desenredar una madeja, que impide que tanta y tanta gente tenga una vida digna y peor aún, no tenga horizonte alguno.

Para llegar a una respuesta, ahondemos en la caracterización de este universo laboral, en la Argentina de hoy.
Según el documento preliminar de creación de la CTEP (Confederación de Trabajadores de la Economía Popular) son los siguientes colectivos:
. Ferias, artesanos y vendedores ambulantes.
. Empresas recuperadas, de producción de bienes o servicios.
. Cartoneros y recicladores.
. Costureros y trabajadores independientes de la indumentaria.
. Trabajadores de la infraestructura social y ambiental (básicamente cooperativas de Argentina Trabaja)
. Campesinos de diversas actividades

Aún sin sumar a los jóvenes que ni estudian ni trabajan (que son cerca de 1 Millón) el universo anterior supera los 800.000 trabajadores.

El primer y crítico elemento que se debe advertir es que en todos los casos no están aislados del resto de la sociedad. Por el contrario, están muy vinculados con le economía de mercado – en el caso, de la infraestructura, por el momento con el Estado -, pero sin excepción ese vínculo es dependiente, muy subordinado, y fuerza a estos trabajadores hacia el subconsumo y en el extremo a dejar la tarea que estén haciendo.
En ese marco la acción de gobierno ha sido sistemática. Se busca –o se promete- que se atenuarán desventajas, siempre dentro de la lógica de la economía de mercado y dejando a los sumergidos en el segmento que ocupen en la cadena de valor respectiva. Para entender el tema sobre un caso, tal vez el más meneado sea el de los cartoneros.
Su aparición en las calles – que le dio visibilidad al cirujeo en basurales, que tiene larguísima historia – se generalizó a fines del siglo pasado.
De la indiferencia o el reclamo vecinal por el desparramo de basura, se pasó a acciones de gobierno y a encuadrar a los cartoneros en el paisaje urbano.
Aníbal Ibarra, como jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires, hizo una definición socio política que no deja dudas: repartió guantes de goma y vacunó a cartoneros contra el tétano. Miserables, pero al menos vivos, habrá pensado.
Mauricio Macri asumió cuando ya los cartoneros habían recorrido un período de organización interna, que les permitió reclamar elementos más estructurales: plantas de recepción y tratamiento de la basura, operadas por cooperativas de recicladores. Una parte de esa infraestructura se construyó, pero nada relevante funciona. Toda mejora relativa respecto de hace una década es fruto de la organización de los recuperadores.
Una estimación desde la CTEP en formación, indica que hay 150.000 recuperadores urbanos, con algunos grupos, como por caso los 3.000 aglutinados en un movimiento en Buenos Aires, que tienen rutas coordinadas y acuerdos con grandes generadores de residuos.
En este escenario, en esencia, el lugar que ocupa el sistema de recolectores dentro de la cadena de valor del papel o el plástico o el vidrio es casi el mismo que el que ocupaban los cirujas de hace 60 años. El Estado ha buscado apuntalar a los más débiles, pero con acciones de alguna muy modesta consecuencia cuantitativa y ninguna cualitativa.
El papel, el plástico, el vidrio se siguen vendiendo a los mismos intermediarios, solo que con alguna garantía mayor de provisión constante y a veces con procesos simples de prensado (papel) o lavado (plástico).

Reitero el concepto: seguramente esta es una economía informal, causada porque no llega a ser de subsistencia. Aquí se abren alternativas, de las que hasta ahora se ha optado solo por un camino.
El sendero ya recorrido es tratar de mejorar la eficiencia y la productividad de los recuperadores, manteniendo los vínculos de subordinación con el resto de la cadena. En definitiva, la posibilidad de acercarse a la subsistencia podría provenir de recolectar más kilos en igual tiempo, vendiéndolos al mismo precio. Esta situación y cualquier otra similar es la que calificaré de asistencial coyuntural. No cambia el futuro del trabajador.
Las alternativas, que pueden ser varias, en la medida que ninguna ha sido explorada en profundidad, se caracterizan por el objetivo común: aumentar los grados de libertad de los recuperadores, permitiéndoles apropiarse de una mayor fracción del valor incorporado en la cadena que va desde el material recuperado hasta el bien final en manos del consumidor.
Enumero situaciones al solo efecto de señalar que hay opciones a evaluar.

. Algún ente público puede comprar el material a un precio base superior al que hoy pagan los intermediarios y luego revenderlo.
. Puede contarse con tecnología de baja escala para producir papel o plástico recuperado en diversas formas o manufacturas de vidrio y ponerlas a disposición de los recuperadores, junto con capacitación, créditos y acompañamiento técnico.
. Puede establecerse un régimen más riguroso de separación en origen, empezando por los grandes generadores de residuos.
Es decir: puede tomarse iniciativas que impliquen cambios estructurales en la cadena y que impliquen incluso una secuencia estratégica en dos etapas:
1 – Fortalecer la posición relativa.
2 – Conseguir independencia de otros actores, en la medida que se llega al producto final y se lo pone en manos de los consumidores.

No es este el lugar para entrar con detalle en cada uno de los subconjuntos, pero parece haber quedado clara la mirada de largo plazo.
Resulta claro que nada en ese camino es posible si se piensa que los actuales recuperadores son ya pyme a las cuales hay que ofrecerles solo crédito; o en otro extremo, que nunca tendrán sustentabilidad y que por lo tanto el apoyo es asistencial. La condición necesaria es pensar que los miembros de la economía que elijo llamar POPULAR necesitan cambiar su situación relativa y eso solo es posible con un programa público bien pautado y mejor ejecutado.
No tiene mucha diferencia conceptual lo que se acaba de decir con, por caso, la visión de que en Tierra del Fuego solo se pudo promover una industria permanente si a ella se le otorgaban beneficios especiales.

En cuanto a la idea de que este sector contiene la economía solidaria, es pertinente discutir el punto.
La solidaridad, en el capitalismo, no puede ser planteada como una precondición ni como un aspecto deseable en términos abstractos. Todos los valores económicos dominantes están señalando el camino opuesto.
La solidaridad, en rigor, aparece como una condición necesaria en la economía popular. Sin ella, cada grupo trabaja en la economía de mercado, en términos que pueden ser muy desventajosos respecto de la economía formal. Con ella, con ese valor incorporado, no solo cambian las relaciones al interior de la unidad productiva, sino – tal vez mucho más importante – se construyen relaciones de nuevo tipo entre las unidades de la economía popular, configurando un tejido productivo de características totalmente diferentes del de la economía formal.
Las transacciones entre unidades a partir de la confianza mutua; el análisis entre proveedor y cliente de cual es la prestación económica a brindar; la venta en conjunto entre grupos que producen lo mismo; los espacios comunes de comercialización; se podría seguir enumerando situaciones favorables que el capitalismo de mercado ha ido destruyendo y que solo imagina ejecutar con relaciones verticales, donde uno de los eslabones fija todas las reglas.

En definitiva, como conclusiones de un primer documento introductorio y sujeto a revisión:
En un sistema capitalista que busque incluir con justicia a la población, deberíamos tener algunas líneas que hoy no están suficientemente definidas y en las que probablemente poco se cree.

a) Una caracterización adecuada de la economía que es informal por vocación de maximizar el lucro y un programa riguroso para su control y formalización.
b) Un análisis detallado y comprometido de todos los ámbitos de la economía popular para fortalecerla primero y darle la mayor independencia posible de los restantes actores de la economía.
c) La construcción de un tejido de vínculos solidarios al interior de las empresas de la economía popular y entre ellas, que asegure la perdurabilidad de las iniciativas, buscando el bienestar de los participantes, más que la maximización del lucro.

El primer eje está al alcance de la estructura actual del Estado. Para los dos siguientes, no existe ámbito adecuado, sino solo espacios parciales en distintos ministerios. Hace falta una política integral.
Despues de tener ésta, de modo convincente, todavía quedará la muy pesada responsabilidad de contar con una propuesta para los jóvenes que ni trabajan ni estudian.
En futuros documentos se harán análisis por cada subsector y se esbozarán las líneas de política consiguientes.
16.2.02

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