MODESTO APORTE METODOLÓGICO AL CONTROL DE INUNDACIONES

MODESTO APORTE METODOLÓGICO AL CONTROL DE INUNDACIONES

Lo que sigue es el comentario de un generalista, al que sin embargo le ha tocado en su carrera profesional interactuar con expertos en estos dramas, donde la imprevisibilidad de la naturaleza se combina con el desarrollo urbano omnipotente.
Hace más de 20 años, como responsable de Ciencia y Técnica del gobierno de Mendoza, debí evaluar un pedido de apoyo de un grupo de investigación del CRICYT, organismo del Conicet, que se dirigía a evitar la invasión de la ciudad de Mendoza por aludes de barro.

Esta ciudad, está ubicada en una zona en que llueve entre 150 y 300 mm por año y sin embargo, lluvias de verano de 40 o 50 mm sobre la precordillera que rodea la urbe provocaban enormes aludes de barro, capaces de inundar y dañar con fuerza. Históricamente, esto se intentó controlar con canales en la ciudad, que recogían lo que venía de los cerros y que ante cada nueva inundación se agrandaban. Una y otra vez se había repetido el método.
El principio de los investigadores era simple. La lluvia cae distribuída y a medida que baja por el cerro se va agrupando agua y tierra en un típico efecto de bola de nieve que se hace incontrolable. Para evitar las inundaciones, hay que frenar el agua en el cerro, dijeron.
Para ello proyectaron instalar en las laderas del cerro muchos pequeños diques de gaviones, que son piedras retenidas por alambre tejido, y la plantación de árboles, para que el agua retenida se infiltrara allí.
Después de mucha prédica el gobernador Arturo Lafalla los escuchó y se hizo una prueba muy exitosa a gran escala.
Convendría verificar en la Provincia que continuidad tuvo el tema y si realmente la propuesta es exitosa a largo plazo.
Llevado a la llanura, un ingeniero hidráulico, del que lamento no recordar el nombre ni encontrar su propuesta original, sostuvo durante la campaña que llevó a Anibal Ibarra a la Intendencia de Buenos Aires una idea similar a la antedicha.
Dijo que cada arroyo es un cauce principal al cual confluyen pequeños cauces, que a medida que se van juntando producen el desastre. Para evitarlo dijo que debería retenerse temporariamente el agua, lo más arriba posible, para soltarla una vez que dejara de llover y pautadamente. Para eso propuso piletas subterráneas debajo de plazas existentes, que acumularan agua en el pico del fenómeno, agua que luego sería volcada al entubamiento cuando dejara de llover y los conductos estén casi vacíos, como sucede la mayor parte del tiempo.
La propuesta no fue atendida y se eligió la “mendocina histórica”, o sea: agrandar cada vez los conductos de desagüe al río, lo cual no solo es muy costoso sino que además cuenta con el riesgo de que la altura del río frene el desagüe.
El principio del grupo de CRICYT y del ingeniero con el que estoy siendo injusto por no identificarlo parece elemental. Es por otra parte el mismo principio, que en este caso nadie discute, en el caso de la contaminación, donde nadie imagina revivir el Riachuelo si no se ataca la contaminación desde las nacientes de la cuenca.
Esta idea la he difundido docenas de veces. Lo hago una vez más, recomendando que los expertos la analicen, la tomen en detalle y la apliquen o en caso contrario le expliquen a los ciudadanos curiosos como yo, por qué no se puede aplicar.

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