LOS CANDIDATOS INCOMPETENTES

LOS CANDIDATOS INCOMPETENTES
Cuando las encuestas de opinión presidenciales, si bien a un año de las PASO, muestran al frente tres candidatos incompetentes y en el pelotón restante varias figuras se destacan más por sus papelones que por sus aportes, resulta necesario preguntarse qué está pasando.

Comienzo por precisar el término “incompetente”. Creo que la ciudadanía tiene derecho a encuadrar de ese modo a personas que muestran no conocer elementos básicos de la historia de su país; ignoran cuestiones también elementales del entorno nacional actual y ni qué decir del internacional; se comunican a través de discursos llenos de lugares comunes y definiciones genéricas, que justamente refuerzan esa sensación de ignorancia recién mencionada. Esto va más allá de si el candidato dice que los pobres son los que tienen la culpa de serlo o se auto titula campeón de la justicia social. La incompetencia realmente no es de derecha ni de izquierda.
¿Cuál puede ser una explicación para esto?
Se me ocurren dos no excluyentes. Por un lado, puede haber muchos compatriotas que crean que la política no se vincula demasiado con su proyecto de vida ni lo afecta y por lo tanto simplemente eligen entre los que los encuestadores les ponen delante, en lo que será una más – y tal vez no la más importante en sus vidas – de las decisiones a tomar el año próximo. Esta sensación plantea caminos de dos vías: los ciudadanos se desinteresan del tema y los que postulan candidatos – a quienes si les interesa el tema, especialmente en términos corporativos – se basan en esa delegación para avanzar con figuras manejables, grises, que ni siquiera aspiran a ejercer con fortaleza el poder.
Por otro lado, casi en las antípodas, puede haber muchos que perciban los límites de un proyecto pero se bloqueen ante lo que parece ser la necesidad de acciones más transgresoras, más innovadoras, de las que conocemos, para conseguir profundizar un rumbo que ilusione a casi todos. Esas acciones no están en un manual esperando que alguien las estudie como lo haría con una obra de teatro. Hay que entender por qué aparecen límites; discutir cómo superarlos; construir los conceptos centrales de este momento histórico; evaluar las acciones y sus contraindicaciones. Es decir: Hay que diseñar nuevos caminos, sin refugiarse en discusiones sobre las características personales o familiares de los candidatos, concentrando en ello toda la energía. Esto es difícil, bien difícil y en realidad la historia enseña que cuando se ha tenido éxito es porque los compatriotas entregan su confianza a un grupo de líderes que creen que cumplirán esa tarea con lealtad y con responsabilidad. No se escribe la teoría antes de la práctica, sino que se construyen espacios de confianza donde se avanza en términos prácticos con la confianza que la teoría irá tomando forma. Eso es lo que sucedió en 1945 y se repitió en 2003, como conducta política masiva.
Hay una diferencia de tiempos entre la primera actitud – la política me es ajena – y la segunda – hay que cambiar cosas profundas – que llevan a que quede temporariamente libre el espacio para la banalidad y los irresponsables, funcionales a las corporaciones que defienden solo sus intereses, hasta que tomen forma las propuestas profundas y se corporicen en hombres, grupos, partidos, espacios de masa, en suma.
Si el tiempo que se tarda en organizar una propuesta que nos sirva a todos supera la cronología electoral, iremos como por un embudo a lamentables elecciones sin opciones reales y será muy probable que la historia hasta busque dar marcha atrás.
De muchos de nosotros depende que ese harakiri colectivo no se concrete. Necesitamos reducir urgente el margen de dudas o de ombliguismo y avanzar, con los amigos, los compañeros, los humildes y los sensibles. De lo contrario, ya no tendremos candidatos incompetentes. Tendremos un presidente incompetente.
14.8.14

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