¿LLEGAMOS O PROFUNDIZAMOS?

Acompaño una suerte de provocación de buena fe, que intenta ayudar a reflexionar, a debatir, incluso increparme, sobre el futuro cercano de la política argentina.

¿LLEGAMOS O PROFUNDIZAMOS?

Un segundo mandato electoral, convalidado por una mayoría absoluta, le plantea a quien recibe el voto popular un desafío de interpretación. Con más razón en el actual escenario, donde Cristina Fernández de Kirchner inicia el noveno año de gestión de un proyecto popular, aunque sea solo el quinto de su conducción personal.
El desafío es entender cabalmente el mandato de las urnas. La mayoría de los ciudadanos votó como lo hizo porque está satisfecha con el escenario construido y nos pide que lo mantengamos, ¿o nos asigna la responsabilidad de ir en alguna dirección de transformación más completa?
Es decir: ¿Llegamos o debemos profundizar?
Eligiendo un flanco sensible está claro, por caso, que hay bolsones de pobreza que se deberían eliminar y que el gobierno quiere hacerlo. Eso podría llamarse profundizar. Sin embargo, la respuesta no es cuantitativa, sino cualitativa. El interrogante es si el Gobierno interpreta que debe realizar cambios estructurales para mejorar la calidad de vida de los compatriotas, incluyendo los hoy excluidos, o si debe concentrarse en gestionar bien lo heredado y lo que se construyó en estos ocho años transcurridos.
Incursionemos en algunos sectores.
En la minería, se está discutiendo – mal, pero allí está – el efecto ambiental. Pero no se está analizando cómo salir de la dependencia de las corporaciones multinacionales, responsables de 49 de los 51 proyectos en ejecución; ni cómo integrar las cadenas de valor en el país; ni cómo asegurarse que las empresas que operen en definitiva compartan la riqueza generada con el país y en especial con las comunidades locales. Si es solo el ambiente, se cree que llegamos. Si es todo lo demás, hay una profundización pendiente.
En el agro, se está discutiendo las compensaciones por sequía o desastres y eventualmente un sistema nacional de seguro agrícola. Pero no hay proyecto oficial de reglamentación de le ley de control de extranjerización – pobre ley por otra parte -; ni mucho menos se está analizando un borrador de ley de arrendamientos o de uso del suelo. No se evalúan medidas para frenar y contrarrestar la expansión de los capitales financieros en el agro; para una participación efectiva de los actores nacionales en la exportación; para una industrialización en origen que sea estimulada por algo más que el crédito. Si es solo seguro agrícola, créditos y eventualmente retoques de precios de referencia, es que llegamos. Si es lo demás, asumimos que hay una profundización pendiente.
En la industria, buena parte del esfuerzo está centrado en proteger a las empresas ya instaladas, que producen bienes de consumo de tecnología simple, de las importaciones brasileñas. Una y otra vez, como complemento, se anuncian líneas de crédito a baja tasa, para que los empresarios que ya están en el mercado puedan expandirse. No hay cobertura legal ni apoyo técnico o crediticio para nuevas empresas. No hay un plan para reducir el control multinacional, que hace que el 60% de las mayores 500 empresas sean filiales de multinacionales. No hay planes regionales específicos para las provincias más pobres. La integración local de las ensambladoras automotrices o electrónicas se estimula a través de exhortaciones y negociaciones directas con quienes ya están instalados. Parece que aquí también ya llegamos.
Finalmente, con la faceta que abarca la dimensión superior de una política popular: la pobreza. Se ha implementado un paquete potente, que no tiene antecedente en varias décadas. La asignación universal por hijo, el aumento sistemático e importante del salario mínimo, el aumento muy relevante del número de jubilados, incluso el plan conectar igualdad, van en la dirección correcta, con fuerza.
¿Qué medida tiene pendiente el gobierno en este frente tan sensible?
Parece que ninguna. La buena administración de lo ya realizado.
Sin embargo, más de 2.5 Millones de familias esperan poder acceder a una vivienda digna, a la que hoy no pueden comprar o no pueden construir a pesar de tener trabajo.
Las comunidades indígenas, los trabajadores golondrinas, los centenares de miles de jóvenes que no trabajan ni estudian, aquellos que están integrados a un plan Argentina Trabaja que languidece, los 350.000 miembros de la llamada agricultura familiar, necesitan planes de mediano plazo que los tengan en cuenta y los incluyan en la sociedad con otros elementos que el subsidio alimentario. ¿Lo estamos pensando?
¿O ya llegamos? ¿Será que creemos que el crecimiento de la economía se hará cargo de todos los pendientes aquí enumerados, más unos cuantos que faltan? ¿Será?

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