LA VOCACIÓN TRANSFORMADORA. POR QUÉ ME SUMO AL MOVIMIENTO EVITA

LA VOCACIÓN TRANSFORMADORA.
REFLEXIONES Y CONFESIONES

Asimetrías de calidad de vida tan notorias como las que se dan en cada uno de los países de Latinoamérica y en otros continentes, no pueden pasar desapercibidas para nadie. Absolutamente para nadie.

Las reacciones de quienes ocupan la franja de un pasar mejor, pueden agruparse en dos grandes categorías:
a) Quienes se absorben en desarrollar y consolidar su destino personal, por necesidad o por mezquindad, que terminan haciendo “como que” el problema no existe o en todo caso, es de los otros, de quienes lo padecen y por su propia responsabilidad.
b) Quienes quieren involucrarse en caminos de cambio, donde mejoren las oportunidades de que todos puedan acceder a un umbral de dignidad. Directa o indirectamente estas personas se vinculan con la actividad política y con la conducción del Estado; sea para participar de ella o para encontrar el modo, desde organizaciones de la sociedad civil, de recibir recursos que ayuden a su tarea de integrar a otros compatriotas. Sobre este espacio habremos de reflexionar.

A la política, obviamente, no se suman solo los que quieren aportar a la justicia social. La conducción del Estado permite a quienes participan de ella satisfacer varias facetas que integran el abanico de ambiciones humanas más básicas y por lo tanto son diversos los motivos para intentar lograrla.

La primera a destacar es de perogrullo. Todo grupo que aspire a conducir como tal el Estado debe ser sistemático tanto en la conformación de sus ideas, como en el armado de los mecanismos de conexión con sus potenciales votantes, así como luego en la instalación de sus adherentes más importantes en los espacios de gestión que correspondan. Los primeros participantes de la política, en suma, son los partidos políticos.

Ejercer un poder sobre el destino de los demás, a su vez, es una motivación individual, que queda comprendida dentro las pretensiones colectivas de un espacio político. La democracia delegativa es la versión moderna del señorazgo, en que alguien recibe un mandato de sus votantes, del cual en términos prácticos rinde cuenta solo en la siguiente elección. En el interín, a pesar del encuadramiento formal que configuran las leyes y decretos, existen márgenes de discrecionalidad y una serie de escenarios de privilegios cotidianos, que hacen que el ejercicio del poder implique un importante goce asociado.

La construcción de relaciones económicas en un mundo donde los negocios son considerados motivo de prestigio y de crecimiento personal, es otra razón convocante para participar de la conducción el Estado. Esas relaciones no tienen directa e inmediata connotación de corrupción, aunque ésta dolorosamente no queda excluida de las posibilidades. Aún funcionarios probos y eficientes suelen ver con toda lógica que su paso por la conducción pública es un tránsito a importantes lugares en gestiones privadas o de organismos internacionales y a esa lógica se inclinan.

El recorrido de una escalera de crecimiento de poder al interior del Estado es también una motivación frecuente. Del mismo modo que sucede en la gran mayoría de las corporaciones privadas, los cargos políticos inferiores suelen ser vistos como escalones a superar lo antes posible, con lo cual el servicio público al menos entra en conflicto con el armado político para ascender a cargos de mayor relevancia.

Otra razón de gran importancia para participar de la conducción del Estado es el hecho que allí se deciden cuestiones que pueden beneficiar o afectar a los actores productivos de cualquier dimensión. Aquí y en todo el mundo aquellos con mayor peso han buscado – y casi siempre encontrado – sumar personas que representan sus intereses a los primeros y segundos niveles de gestión. Por acuerdo con los grupos políticos que gobiernen o por procesos de simulación de convergencia de ideas, de variada complejidad, todo gobierno tiene un cierto porcentaje de lobistas privados en su interior.

Finalmente, está presente la que podríamos llamar la motivación más simple y pura: pensar la solución de los problemas de los más humildes, su interrelación con el resto de la sociedad y avanzar en su implementación.

LAS OPCIONES PERSONALES

En el listado anterior se mencionan colectivos (partidos, corporaciones) y personas, cuyo interés se canaliza al interior de esos colectivos.
Lo que sigue intentará reflexionar sobre las opciones individuales. Aquello que decide a cada uno elegir un camino u otro. En particular, se pondrá una atención central – casi excluyente – en las opciones de quienes están guiados por la pura, simple y elemental vocación de servicio público, especialmente orientado a mejorar la calidad de vida de la comunidad.
Hay un solo escenario simple, para alguien con vocación nítida de servidor público: que se sume a un partido con cuya visión coincida y que éste seleccione los funcionarios por esquemas meritocráticos, buscando quien tenga mejores posibilidades de aportar en cada tema. En tal caso, su problema consiste en combinar la humildad con la contracción al trabajo y esperar la oportunidad de ser convocado.
Tal escenario, sin embargo, es solo una foto ideal. Para que se de en la práctica se necesita que los decisores máximos den prioridad a los servidores públicos y despejen el camino de los enamorados del poder; los lobistas de intereses privados; los que vienen recorriendo la escalera de ascensos; además de cierta lógica de acumulación y distribución de espacios de las fracciones del partido gobernante. A pesar de todas estas variantes, los que priorizan ser servidores públicos también son convocados. Por una razón elemental y directa: suelen ser los que dan mejor respuesta a los reclamos comunitarios y en consecuencia un gobierno los debe tener en cuenta, aunque más no sea por motivos de supervivencia y continuidad.
Su tarea, de cualquier manera, queda condicionada por el modo en que es convocado. Está dentro del gobierno, pero fuera del poder. Éste está en otro lado. En consecuencia, su responsabilidad consiste en ejecutar con eficiencia tareas técnicas en un ámbito definido desde arriba. Le está vedado construir escenarios propios de políticas activas o simplemente buscar debatirlos. Si su mirada difiere de aquella del poder, el conflicto será inexorable y su debilidad decisoria anunciará su inexorable alejamiento.
Se podrá argumentar que eso en definitiva es lo que sucede en cualquier corporación. Pero el Estado no es cualquier corporación; es el ámbito donde se administra la vida comunitaria y aunque tiene siempre una conducción, no tiene un dueño, como si lo tiene cualquier emprendimiento privado. Justamente por eso, coexisten en cualquier gestión gubernamental grupos que representan intereses diversos, desde los más elogiables a los más mezquinos, todos ellos combinando acumulación de poder con vocación de gestión.
Quien quiera priorizar el servicio público debe entender esta combinación: poder y gestión. Concentrarse de manera excluyente en la gestión le deja dos caminos: O es soldado de cualquier ejército, que ejecuta instrucciones que van variando a medida que se suceden los gobiernos; o tiene la puerta de salida a la vista cuando sus iniciativas entran en contradicción con la hegemónica del momento.
Esa es la realidad y por tanto la única verdad. No es posible ignorarla ni siquiera escudándose en la fantasía de “pertenecer al campo nacional y popular”, como si eso tuviera un significado uniforme y con la grave debilidad que ello implica, de ignorar todas las categorías arriba mencionadas, de intereses presentes en cualquier gobierno.

MÁS PERSONAL TODAVÍA

Lo anterior intenta ser una caracterización teórica de las opciones de quienes tienen vocación de funcionarios políticos, pero no cabe duda que se nutre de mi experiencia personal concreta de muchos años. El intento de ser protagonista a partir de la capacidad de resolver problemas de naturaleza social, con una inclinación importante a buscar mejorar la equidad en las relaciones económicas, lo he ejercitado desde hace más de 40 años.
Sobre ese perfil he recorrido un camino en el Estado, siendo convocado en varias oportunidades. Siempre corriendo el riesgo señalado más arriba de llegar con debilidad a situaciones de conflicto con el poder. Chocando en consecuencia, una y otra vez con la misma pared.
Con una característica adicional: Sin la humildad necesaria para advertir que quien postula un mejor futuro colectivo debe avanzar hacia él en términos también colectivos. No basta postular la solución e imaginar – de manera simplista y soberbia – que como es la más justa, inexorablemente se ha de aplicar y con nuestra participación.
Actuar dentro del gobierno detrás de metas de justicia social, pero sin poder, implicar poner en el vértice del gobierno todas las expectativas de equidad y de equilibrio para garantizar que la meta se pueda perseguir con serenidad. Eso no solo es pedir demasiado, sino que niega – reitero – el hecho histórico que las transformaciones son sentidas y protagonizadas en forma colectiva o no suceden.
Finalmente, después de muchos años y a través del diálogo con muchos compañeros, no siempre coincidente por suerte, porque me ha permitido ampliar las miradas posibles, creo haberlo entendido y quiero transmitirlo para que se reduzca la posibilidad que otros transiten por caminos equivocados.

EL FUTURO PERSONAL

El presente político no difiere demasiado de cualquier etapa democrática previa. El gobierno administra el Estado con metas genéricas que luego varias lógicas distintas intentan interpretar a su manera, algunas con la mejor intención y otras buscando preservar y aumentar privilegios.
En tal escenario, me sumaré con mis sentidos y capacidades al Movimiento Evita, que se hace cargo de la historia de las luchas populares, con todas sus contradicciones, y desde allí pone su foco en la superación de la pobreza y en la posibilidad de cada trabajador, por humilde que sea su saber, de acceder a una vida digna. Allí participaré de la conformación de un Instituto de Economía Popular, que buscará ayudar a fortalecer conceptos y en paralelo a concretar escenarios de cambio, con una presencia nacional creciente, representando a tantos y tanto grupos que buscan su mejor destino en todo el país.
Esto lo haré en paralelo con la consolidación de la iniciativa de Construcción Colectiva que apunta a trabajar colaborando con los mismos actores sociales, pero desde una convergencia de trabajo políticamente más plural.
Ojalá de este modo pueda recorrer un capítulo más perdurable por la justicia social, que entre otras cosas, tenga el beneficio complementario de reducir la posibilidad de las aventuras personales y del acceso de cualquier tipo de protagonismos mezquinos al primer plano de los gobiernos populares.

Emm/25.1.2013

Fatal error: Call to undefined method WP_Meta_Query::get_clauses() in \\HMFSW\WEB\DTCWIN071\propuestasviables.com.ar\public_html\wp-includes\comment.php on line 962