LA PRENSA PROGRE Y LA CGT

LA PRENSA PROGRE Y LA CGT

En estos tiempos de la Argentina, casi podríamos decir que los ciudadanos de a pie, cuando elegimos informarnos por la prensa escrita, oral o televisiva, nos limitamos a optar por quien queremos que nos determine nuestra mirada. No solo el volumen de información es muy grande, por lo que necesitamos ayuda para ordenarlo. También se ha creado una situación en que a partir de los sofismas o directamente las mentiras de la prensa reaccionaria, la que llamaré prensa progre se ha sentido en la obligación de confrontar con aquella, en tonos de blanco o negro, donde nada queda en el medio. O estamos de un lado o del otro, dicen.

Bueno, es lo que hay. A muchos no nos queda otra que leer a los progre con algún recelo, con cuidado de tamizar la información para solo después llegar a tener una idea que podamos asumir como propia.
En torno a las declaraciones y acciones de Hugo Moyano, como secretario general de la CGT, en las últimas semanas, esta obligación de revisar lo que se recibe, se agudiza. Desde la reacción, fogonean posibles conflictos y enfrentamientos. Hasta hoy mismo, anuncian reuniones promovidas desde el Gobierno para organizar el desplazamiento de Moyano.
Desde la prensa progre, es casi unánime señalar que el líder camionero se equivoca, llegando hasta la descalificación cuando se caricaturiza la supuestamente pobre asistencia a una reunión interna de hace pocos días.
La síntesis de los argumentos es más o menos así:
. No se debe confrontar con Cristina Fernández de Kirchner, especialmente después de una elección con 54% de adhesión.
. Hugo Moyano tiene un proyecto de poder político y utiliza el conflicto para potenciarlo.
. Una contradicción con lo anterior: Hugo Moyano se está aislando en la CGT, imagina será reemplazado en junio y fogonea la interna.
Estas son las ideas más serias, pero el cuadro debería completarse con más de un argumento que lisa y llanamente subalterniza el derecho de un sindicalista a expresarse en política o a tener peso social.

Un primer comentario imprescindible es que todos lo análisis – al menos los que tuve a la vista – omiten señalar que la “línea Moyano” hace muchos años que fue y es minoría entre la dirigencia sindical argentina. Durante todo el menemismo y el gobierno de la Alianza, tuvo que luchar en dos frentes: contra el gobierno y contra los pares que conciliaban con el gobierno. Su coherencia fue la que le permitió tener algunos triunfos políticos relevantes y ser considerado símbolo de la protesta contra un sistema perverso, de alianza de cierta dirigencia política, con el poder de las corporaciones económicas y los llamados “gordos” del sindicalismo, cuya estructura y ramificación no son suficientemente conocidas por la ciudadanía.
A mi criterio, Moyano llega a la conducción de la CGT como resultado del acomodamiento general que implicó la presencia de Néstor Kirchner en la presidencia de la República. Por un lado, la CGT entendió los nuevos vientos y le facilitó el acceso al hombre con más afinidad con la Presidencia. Por otro lado, Kirchner necesitaba contar con un aliado de esa naturaleza y debe haber hecho todo lo posible para fortalecerlo.
Pero mientras las elecciones generales facilitaron el consenso obtenido en el plano político, nada importante sucedió en los gremios que cambiara el equilibrio inestable de poder en la CGT.
Los intentos de minorías para reemplazar a Cavalieri o a Zanola o a la línea tradicional metalúrgica no tuvieron éxito electoral. Todo está como era entonces y esencialmente la posibilidad de que Hugo Moyano y su gente conduzcan la CGT tiene que ver con una relación funcional con el proyecto político nacional. Si los opositores sindicales a Moyano creen que éste no cuenta con la confianza de la Presidencia, se organizarán para reemplazarlo.

¿Eso es bueno, malo o indiferente para el proyecto nacional?
Desde una mirada que entienda mínimamente la historia del proyecto nacional y popular en la Argentina, de ninguna manera podemos concluir que es indiferente. Que “ellos”, como dice alguna militancia de poca experiencia, no son importantes en el camino y por lo tanto da lo mismo cualquier variante.
Un país con un poder corporativo tan concentrado, en el plano que sea de la economía, no puede cambiar solo a través de una puja entre una dirigencia política con poder delegado en las urnas cada tanto y los representantes de ese poder. El gobierno necesita organizaciones sociales de variada naturaleza en su apoyo y primero, por lejos, está la central gremial de los trabajadores en esa lista.
Basta ver las opciones de recambio que circulan para preocuparse, no por las personas sino por el hecho estructural que ello implica. Si se tratara de un dirigente metalúrgico, hoy en el país nadie llega al máximo nivel allí sin haber recorrido un camino de negociaciones y compromisos con Techint. Si fuera de SMATA, vale lo mismo pero con ADEFA, la asociación de fabricantes de automotores, todas filiales de corporaciones trasnacionales.
No hay en el horizonte gremial un gremio de la masividad de camioneros, con su conducción validada por una respuesta muy sólida a las necesidades de sus afiliados, que pueda aparecer como libre de presiones corporativas ajenas al interés popular. No hay siquiera una situación como la que se dio cuando Saúl Ubaldini, dirigente de un gremio pequeño, como el cervecero, fue secretario de la CGT, como una expresión más del equilibrio entre dirigentes leales a sus bases y los otros.
Todo lo que he señalado debió y debe ser considerado por la prensa progre antes de manejarse con una asombrosa superficialidad, como se dio en los últimos días.
En el marco esbozado, los comentarios de Hugo Moyano a favor de la liberación de J.J.Zanola; la defensa corporativa de un cuestionable dirigente de los peones rurales; o la comparación de ciertas frases del Gobierno con frases menemistas, deben ser considerados errores del emisor, por supuesto, pero totalmente menores dentro de un escenario político de otra jerarquía.
En definitiva, me parece que la dirigencia kirchnerista – que es peronista, no olvidemos – debe asumir que Hugo Moyano, como peronista histórico, cree que el movimiento obrero es la columna vertebral del movimiento; como tal asume sus reivindicaciones y pide a la conducción – a la que no niega – que esa columna sea integrada con más fuerza en un proceso de transformación.
En ese plano, la Presidenta tiene una oportunidad – y probablemente una obligación – de convocar a la CGT y encuadrarla como ya lo ha sido en otros momentos históricos positivos.
Cualquier otra interpretación no debería surgir de las anécdotas o de los prejuicios a favor o en contra de los sindicatos. En todo caso, no debería omitir entender cuales serían las consecuencias políticas de una presencia indirecta – y a veces bien directa – de las grandes corporaciones económicas en la conducción de la CGT.

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