LA INFLACIÓN: ESE TEMA TRAN TRILLADO

LA INFLACIÓN: ESE TEMA TAN TRILLADO

En la Argentina discutimos bastante sobre el verdadero nivel de la inflación, pero muy poco o nada sobre sus causas.
Parece ser que esa ausencia se debe a que desde todo el espectro político, en esencia se coincide sobre las causas. La inflación en términos primarios y directos es el aumento de precios de bienes y servicios originado en que la demanda – los compradores – tienen recursos crecientes y presionan sobre una oferta – los vendedores – que opta por aumentar los precios antes que la producción o que, en todo caso, mientras ejecuta inversiones para aumentar la producción, aumenta los precios.
Esa es la explicación ortodoxa tradicional y debemos admitir que parece ser compartida por todos, ya que cuando el Gobierno niega la inflación, busca el resultado práctico de no tener que discutir el tema; no es que diseña un escenario explicativo demasiado distinto de lo anotado.

El Gobierno, desde 2003, buscó explícitamente recomponer el muy castigado mercado interno, tanto con mejoras del salario real, como con medidas que llevaron ingresos a sectores que no trabajan (AUH y jubilados o jubilables). Para la teoría sobre inflación, esto lleva a aumentos de demanda que a partir de un momento inician el proceso arriba mencionado. Sin incursionar en caminos sofisticados, admitamos que en tal caso hay un deterioro de aquello que se pretende mejorar – la capacidad de consumo – y se genera una espiral de reclamos de recuperación, que en definitiva incorpora a la inflación como un parámetro de permanente valor alto.
Los economistas ortodoxos no se hacen mucho problema en buscar diagnósticos especiales. Se sostiene que la economía se “recalentó” y hay que enfriarla frenando la demanda, esto es: reduciendo el crecimiento de los salarios y asignaciones y hasta congelando esos valores.
Es claro que eso frenaría cualquier intento de mejora relativa de los sectores de menores ingresos y un gobierno como el actual es claro en su definición: no acepta esa meta. El punto es que por falta de explicaciones y cursos de acción alternativas, terminamos tapando el sol con una red y decimos que no hay inflación, cuando eso no es así.
Así parece que están las cosas.

MEJOREMOS EL DIAGNÓSTICO

Hagamos dos preguntas prácticas.
La primera: El salario real está aumentando lo suficiente para confirmar que hay una presión de la demanda sobre la oferta?
De la mucha referencia posible, elijo el trabajo hecho por Damián Kennedy y Juan M. Graña, miembros de un equipo de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, dirigido por Javier Lindenboim ( Pecvnia, 10(2010), pp. 231-263 ), complementado por las notas del propio director del grupo en su blog (notasdejl.blogspot.com.ar).
Hay dos hechos centrales a tener en cuenta:
. El salario real de los trabajadores en blanco conveniados actuales es el 66% del máximo histórico, que se dio en 1974.
. El salario real actual, más allá de todos los aumentos nominales del período, es solo un 10% superior al del último trimestre de 2001, cuando comenzó la última crisis profunda.
Como complemento – aunque recomiendo leer el documento referido completo, si es que si quiere entender unas cuantas cosas sobre un tema tan sensible – se debe tener en cuenta que desde 1974 hasta la fecha se produce la misma secuencia cíclica:
. Abrupta caída del salario real.
. Recuperación hasta que se produce otra abrupta caída (1985, 1993,2001), pero en ningún caso se consiguen siquiera los máximos del ciclo anterior. La primera vez que esto sucede, aunque con niveles muy lejanos a los de 1974, es en este momento.

El gran valor de este grupo de investigación es que formula una línea explicativa:
. La productividad media argentina en todo el largo período ha aumentado muy modestamente, menos que el mundo central, lo que descoloca a la mayoría de las empresas. Para sostener su rentabilidad, estas empresas se han apropiado de todo ese aumento de productividad y en algunos casos más que eso, a expensas del salario de los trabajadores.
De otro modo: La caída del salario real ha pagado la pérdida de competitividad, más que la rentabilidad empresaria.
Agregaría al desarrollo de tan interesante material una constatación objetiva que da la historia: eso sucedió porque los empresarios pudieron hacerlo. Tuvieron suficiente fuerza política y económica.
Los empresarios han tenido el poder de apropiarse de la mejora de productividad y de los intentos de mejorar el salario real, por distribución simple vía aumento de salarios. Tanto ha sido su poder en el mercado que para mejorar el salario real de los trabajadores registrados en un 10% debieron aumentarse los salarios nominales en más de 300%. La diferencia se la llevó la inflación.

Agreguemos ahora la segunda pregunta: Es correcta la lógica que explica un espiral donde a un aumento de salarios, le siguen los precios, luego los salarios y así? Empiezan los salarios?

Un grupo de FLACSO, dirigido por el ya fallecido Daniel Aspiazu y continuado por investigadores como Martín Schorr y Pablo Manzanelli ha estudiado muy a fondo los procesos de concentración empresaria en la Argentina. Para brevedad, del mucho material disponible, cito el artículo aparecido en Miradas al Sur el 26.8.12: Y donde está Schumpeter?.
Allí surgen algunos números categóricos sobre el poder de control de las corporaciones y una afirmación: …”los oligopolios líderes han subido los precios por encima del resto”.
No conozco estudios que analicen el uso de esa discrecionalidad en períodos cortos dentro del mismo año, pero perfectamente puede inferirse que esas corporaciones “descuentan” la inflación, como se dice en el mundo financiero. Esto es: estiman la mejora del salario nominal a partir de junio-agosto y aumentan los precios antes de ese momento, con lo cual la aparente mejora del salario recupera poder adquisitivo, más que presionar sobre la oferta.
Dada la imprecisión estadística en este punto, me limito a un análisis de fuerzas en el mercado y estoy convencido que los salarios vienen de atrás.

Una síntesis

De todo lo antedicho creo se puede deducir que el método de aumento masivo de salarios no es para nada eficiente para recuperar – y mucho menos para incrementar – el salario real, en un contexto de concentración económica y además, de productividad atrasada respecto de países relevantes.
Deberíamos agregar que los valiosos esfuerzos hechos para mejorar el consumo de la población más sumergida u olvidada,que no estás ocupada, corren en este contexto el riesgo serio de ir a sumar a las utilidades de las mismas corporaciones.

Las opciones

Son pocas y bastante bien definidas.

a) Convivir con la inflación. En esta vía, muchos más sectores además de las corporaciones pasan a descontar la inflación futura, llegando incluso hasta los prestadores de servicios personales más básicos. Los asalariados pierden y probablemente pierden cada vez mayor proporción.
b) Aplicar la receta ortodoxa y frenar los salarios. Eso congela la distribución de ingresos y reduce la expectativa de crecimiento, seguramente las inversiones y con ello aumenta el desempleo. Se puede conseguir reducir la inflación, pero otra vez pierden los trabajadores.
c) Reconocer que la confrontación oferta – demanda no es un encuentro con ganadores al azar, sino que ellos son permanentes, a partir de lo que muestra la historia argentina y la comparada. Remito al artículo citado al comienzo. En tal caso diseñar una estrategia que parta de un real nuevo diagnóstico y apele por lo tanto a modificar las relaciones de fuerza en el mercado.

Eso lleva a aplicar instrumentos como mercados de productores; sistemas de comercialización de vínculo directo administrados por ámbitos públicos; precios máximos por sectores; intervención en la definición de precios – y por ende de salarios – de manera más transparente y no solo formalmente transparente. O sea: poner a la comunidad a cargo del problema y no limitarse a suponer que los empresarios deben tener mejor criterio de apropiación de renta.
Lo antedicho, como corto plazo. Superpuesto con ello de manera muy clara y sostenida, programas de incorporación tecnológica a las cadenas productivas clave, en manos del Estado, empresarios nacionales o corporaciones que acepten reglas de juego distintas del ensamblado o de ganar con un hipermercado.
Ya se han probado otros mecanismos. Domingo Cavallo fundió a media industria argentina llegando a inflación casi cero usando la importación barata como competencia. Varias veces se devaluó, ganando así una aparente serenidad después de hambrear bruscamente a millones e imaginar que miraran la vida en términos relativos, atesorando cada pequeña mejora hacia adelante. Siempre perdieron los mismos.
Es cierto que la política debe dominar a la economía. Pero eso no sucede si ignoramos a la economía o esperamos que ciertas reglas básicas de quienes buscan el lucro no se cumplan.
Para mejorar de manera permanente las condiciones de vida de los compatriotas, la política debe cambiar las relaciones de fuerza en la economía. Y no en la dirección que sueñan los conservadores.
Emm/14.9.12

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