LA FRAZADA CORTA: LA NACIÓN VS. LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES

LA FRAZADA CORTA: NACIÓN VS. PROV. DE BUENOS AIRES

Hay dos escenarios extremos distintos, cuando al interior de un grupo se discute sobre la distribución de bienes escasos.
El primero se plantea cuando el grupo no tiene un camino simple a su alcance para ampliar los recursos, porque son otros quienes los definen y poco o nada puede hacerse para expandirlos. El ejemplo más claro sería el interior de una cárcel, donde normalmente ni siquiera las rebeliones consiguen cambiar el estado de cosas y por lo tanto o se encuentra una forma mínimamente solidaria de convivir o las pequeñas mafias imponen sus reglas, pero lo que se coparticipa es siempre lo mismo.
Esa es una situación límite.

Un grupo de cartoneros, por caso, puede discutir como reparte los ingresos de su esforzado pero poco productivo trabajo. Puede hacer un pozo común o arreglarse cada uno por su cuenta. Pero además, pueden juntar fuerzas para reclamar a los gobiernos que les brinden facilidades para procesar su recolección o para convencer a vecinos para que les separen los desechos en origen. Es decir: además de discutir como distribuir una cosecha escasa, pueden intentar conseguir que se amplíe, porque tienen idea de que depende eso, aunque estén en condiciones de debilidad.
En el otro extremo del mundo están las muy grandes corporaciones, tanto productivas como financieras, que hoy por hoy, más que discutir con alguien como repartir beneficios, apelan a su imaginación para incrementar su renta de modo permanente, porque saben que tienen hegemonía sobre una gran cantidad de actores de la vida económica. Extraen renta de los demás en proporción que no se detiene. Cuando se enfrentan con un igual, el escenario resultante puede ser de acuerdo o de conflicto, pero es determinado solo por ellos mismos. Más importante que ellos no hay.
El debate que hoy nos tiene inquietos entre la Nación y el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, no queda claro en que situación se ubica.
Los protagonistas parecen no dudar. Discuten como si nada externo los condicionara. El problema se limita a que el otro no cumplió como se esperaba. O no gestionó bien; o no mandó el dinero prometido o el que algún otro año entregó; o hay partidas que no se actualizan cuando debieran.
Algunos economistas que toman partido, trabajan sobre las cifras.
Un argumento escuchado es que además de las transferencias directas de la Nación a la Provincia hay que tomar en cuenta los subsidios al transporte y a la energía, que en gran proporción los reciben los bonaerenses. Se que la intención no es imitar a Macri, cuando decía que el gasto de salud de la Ciudad está inflado porque se atiende gente de la Provincia, pero la verdad los dos argumentos se parecen bastante.
Otra gente que escuché dice que la Provincia de Buenos Aires es la que mayor riqueza genera. Omiten decir que por lejos es la que más población con NBI tiene – más de 2000000 de personas según censo de 2001, o el 34% del total en aquel momento – lo cual genera demandas de todo tipo. O sea, sería cuestión de advertir que se genera riqueza, pero que está muy mal distribuída.
Y así siguen los argumentos de uno y otro lado.
Invito a comprender que esta lógica – parecida a la de dos corporaciones que pujan por sí y ante sí solamente – no se aplica sobre el escenario correcto.
Ni la Nación ni mucho menos la Provincia tienen las manos libres para discutir reparto de bienes. La Argentina tiene una estructura productiva con hegemonía multinacional en una parte importante de su quehacer y si no se reconoce eso, pero en paralelo se intenta – con buena voluntad – mejorar la justicia social, se llega a límites en la asignación de recursos que nos colocan en el típico dilema de la frazada corta.
Estamos a mitad de camino entre el grupo cartonero y los dueños de la economía mundial. Ni tenemos tantas restricciones como los primeros ni ninguna como los segundos.
Es evidente que la austeridad es un imperativo y que no es patrimonio de buena parte de la clase política. También es evidente que además de austeros, debemos ser creativos para asignar con eficiencia.
Pero suponer que con esos dos atributos se puede salir adelante en una Provincia con 2 Millones de pobres, es negar que hay un condicionante superior: nuestra productividad mediocre, nuestras cadenas de valor poco integradas, nuestra dependencia de multinacionales que giran 10000 Millones de dólares al exterior por año solo por ganancias, sin computar compras externas innecesarias y sobre facturadas. Efectivamente, resulta casi obvio que todo ahorro en gastos mal aplicados debe tener una larga lista de pendientes sociales en la Provincia, antes que cerrar la caja.
Unir a la Nación con todas las Provincias para estudiar como sacarnos ese collar, parece más necesario – parece imprescindible –, como alternativa al tironeo de la cobija.
Buen día de la Independencia para todos. Honrémoslo.
9.7.12

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