LA CONTRAOFENSIVA LIBERAL

El Consenso de Washington y sus derivaciones económicas ha sido tan cascoteado por la realidad latinoamericana y ahora la norteamericana y la europea, que resulta indefendible como cuerpo de ideas hegemónico. Sin embargo, no seamos ingenuos: las ideas, en este caso, se construyeron para apuntalar intereses económicos, para conseguir que millones trabajaran para unos pocos, creyendo que lo hacían para su propio bien.

Esos intereses económicos todavía están allí. Ya no tienen la confianza ni la adhesión de sectores políticos y sociales amplios, pero están allí. Se trata básicamente de un mundo financiero, con vocación de hacer dinero con el dinero, sin pasar por la economía real, o aún a costa de ella.
En este nuevo escenario, ha cambiado la estrategia. En el caso de nuestro país, ahora se trata de reconocer el camino exitoso, pero señalar “matices” que obligarían a realizar “pequeños” cambios para asegurar el éxito.
Hay dos ejemplos bien claros, en estos días.
Primero: se señala el peligro de la devaluación de Brasil, lo cual recomendaría devaluar en la Argentina, para no perder competitividad en el intercambio bilateral. NO HAY TAL DEVALUACIÓN. Brasil tenía una paridad casi 1 a 1 del real con el peso hace pocos años, pero los controles de ingreso al capital golondrina en Argentina y su ausencia en Brasil, hicieron que la especulación se concentrara allá. El resultado ha sido que mientras aquí el dólar cuesta 4.20, en Brasil cuesta 1.70 reales.
El costo de los salarios en dólares resulta así claramente menor en la Argentina y eso provocó inversiones como la de Honda, varias textiles brasileñas, frigoríficos, autopartistas comprados por brasileños, para exportar parte de su producción a Brasil.Cuando Brasil aumenta sus controles o trata de recuperar parte de su atraso cambiario – pasó de 1.50 a 1.70 reales por dólar – aquí dicen que devaluó. Claro, a los que exportan a Brasil les conviene insistir en eso y reclamar devaluación en Argentina, para aumentar sus ganancias. Hasta pueden aparecer chantajes diciendo que de lo contrario deberán volverse a Brasil.
Es el eterno juego de las multinacionales que operan en los dos países y sus socios financieros.
Se trata de tener claro que no es cierto y a futuro, diseñar los caminos que nos permitan tener mayor independencia de decisiones. Si quienes deciden están aquí y allá, si no tienen raíces ni bandera, estamos expuestos a estas cosas.
Segundo: Se dice que Argentina se ha desendeudado demasiado. Que al llegar a los niveles actuales de deuda en realición con su producto, seguir pagando deuda con reservas genera inflación inútilmente – esto lo deberíamos discutir en otra nota -, que lo más conveniente es volver al mercado internacional de capitales y tomar deuda, que total está barata.
Este razonamiento almacenero ignora por completo el concepto de soberanía, la libertad de decisiones que le otorga a un país no tener acreedores fuera de sus fronteras. Ademá, ese equivocado camino, permitiría tratar con liviandad el problema que ya está – y se ha de agravar – en la balanza de pagos por el crecimiento enorme de los giros de utilidades y regalías de empresas multinacionales a sus casas matrices. Claro, si la balanza no cierra, porque el saldo de balanza comercial y los ingresos netos por turismo no alcanzan para pagar los vencimientos de la deuda externa histórica y girar las utilidades de trasnacionales al exterior, pues pidamos prestado los dólares que faltan. Si hay un montón de bancos que no tiene deudores sólidos como hoy es la Argentina. Y además, nos siguen calificando como riesgosos, tal que las tasas son altas y harán muy buen negocio.
En lugar de esa reacción primaria – tomar de nuevo deuda – que es imposible demostrar que beneficia al país, debemos abocarnos a entender como reducir el giro de utilidades y regalías al exterior; como incentivar el turismo en Argentina; cómo sustituir importaciones; cómo aumentar los actores nacionales, privados o público-privados, que reemplacen progresivamente a multinacionales innecesarias en sectores cuya tecnología conocemos y disponemos. Allí está el desafío y la necesidad de profundizar, en lugar de escuchar los cantos de sirena de los intermediarios del poder financiero.
Hay más ejemplos de la contraofensiva liberal. Pero por hoy basta para facebook y twitter, donde los pases cortos son la regla.

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