JUNTANDO HILOS SUELTOS

En Argentina se busca construir un nuevo escenario para el manejo de las divisas, que han sido y son históricamente un bien crítico para que nuestro destino se pueda transitar con menos sobresaltos.
Está bien buscar desdolarizar las transacciones inmobiliarias.
Está bien tratar que los ciudadanos no atesoren en dólares, aunque como ya hemos analizado en otros documentos, una condición esencial para eso es bajar la inflación y otra condición es abrir espacios de inversión pasiva que tengan que ver con el desarrollo productivo nacional.

En ese esfuerzo, sin embargo, es necesario que las cargas se repartan bien. Un asalariado, un ciudadano común, se espera que piense distinto y se vaya acostumbrando a no tener dólares bajo el colchón.
Un empresario argentino, chico, mediano o grande, tendrá utilidades, pagará sus impuestos por ellas, sea a través de una sociedad o en forma personal, y no debería tener en el futuro opciones para atesorar dólares, sino pesos.
Un empresario extranjero, sin embargo, sigue en el mismo mundo anterior. Sus utilidades están aseguradas por ley, lo cual está bien, pero además está asegurado su giro al exterior, lo cual en el nuevo contexto ya no está tan bien.
La Presidenta ha dicho en varias ocasiones que cualquiera sea el dueño de la empresa, lo que se hace aquí es producción nacional. No me gusta la frase y no me parece lo más apropiado a decir en discurso presidencial, pero en todo caso tomésmolo integralmente, con sus derechos y también con sus obligaciones.
Los 7000 Millones de dólares que se giraron como utilidades y regalías al exterior en 2011, seguirán en ascenso porque el país crece y las empresas extranjeras ganan más. Pero si son producción tan nacional como otra, que tengan las mismas obligaciones que las otras, aunque sea en un plan progresivo.
No podemos ser indiferentes al hecho que se han recibido solicitudes de crédito para vivienda por casi 400.000 Millones de pesos. Si se intenta atenderlas todas en 4 años, digamos, – ¿POR QUÉ NO? – serían 100.000 Millones por año, más o menos el 5% del Producto Bruto Nacional. No es una cifra descabellada, pero en un país con tan bajo nivel de crédito y de monetización, supera la posibilidad del Tesoro, de la ANSES y de los instrumentos bancarios a la vista. Es necesario aguzar el ingenio, armar rápido el fideicomiso y buscar seducir la mayor proporción de inversión ciudadana que se pueda.
¿Y si se pide un aporte a las empresas extranjeras, para que el discurso de la Presidenta adquiera así ribetes más concretos en cuanto a pertenencia de esas empresas al ámbito nacional?
Veamos. Si han de girar 10000 Millones de dólares al exterior este año, el 50% de esa cifra, representa a su vez el 25% de la necesidad de inversión para resolver el problema de la vivienda argentina. Si se reforma la ley de inversiones, exigiendo que el 50% de las utilidades por los próximos años sea en cédulas hipotecarias – en cuotas parte del fideicomiso para vivienda -, se pueden financiar casi 400.000 viviendas en 4 años con ese solo aporte.
¿QUÉ MEJOR FORMA DE ASUMIRSE COMO PARTE DEL PAÍS QUE ASEGURAR QUE SUS TRABAJADORES Y CONSUMIDORES PUEDAN TENER UNA VIVIENDA, SIN SACRIFICAR SUS UTILIDADES?
EMM/19.6.12

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