TOMAR EL TORO POR LAS ASTAS: LAS MULTINACIONALES,LA INFLACIÓN,EL TRABAJO

TOMAR EL TORO POR LAS ASTAS

Hace tiempo que Argentina tiene un problema de inflación, que negado o no, finalmente afecta el presente y el futuro de nuestra economía. Ahora, se suma una reversión de la tendencia en la ocupación, que lleva a que el desempleo aumente, muy lejos de aquel 25% con que se comenzó el gobierno en 2003, pero en todo caso mostrando que se ha encontrado límites en la dinámica productiva.
No hay mal que por bien no venga, dice el viejísimo refrán. Aquí también se aplica.

Los liberales tienen recetas para reducir la inflación. Cualquiera de ellas, sin embargo, pasa por aumentar la desocupación y perjudicar a los sectores populares. Sea por estrangulamiento de la economía o por una devaluación, que provoca un salto de precios inicial y su posterior estabilidad por un tiempo, sus fórmulas son conocidas y dañinas para las mayorías y por lo tanto para el país.
Ni que decir de enfocar directamente la generación de trabajo. Nunca han expuesto otra cosa que la necesidad de incentivar las inversiones externas o de favorecer a los capitalistas nacionales más allá de cualquier límite. La ocupación masiva, para los liberales, es un “generoso” subproducto de habilitar que algunos grupos lucren sin descanso.

Nadie que no tenga por meta superior el bienestar general – un espacio político popular – puede encarar de verdad la solución de un problema de desocupación que tiende a subir, en un contorno con inflación.

Hay una condición inicial para eso: explicar el fenómeno adecuadamente. Esto pasa por:
a) Admitir que existe.
b) Asumir que el problema es estructural y no solo de alguna impericia en la gestión de un sistema que se presume adecuado. Existe más por lo que no se hace o hizo que por haber hecho algo mal.
El diagnóstico de quien esto escribe es que la causa dominante – no la única, pero aquella claramente determinante – es la concentración productiva, además de la comercialización de bienes masivos, junto con el hecho que buena parte – la gran mayoría – de esos ganadores son filiales de corporaciones multinacionales.
Esa concentración y esa dependencia de decisiones externas hace que cualquier aumento de salarios se traslade anticipadamente a los precios; que la inversión industrial se resienta enormemente por el giro de utilidades y regalías al exterior; que se instalen en el país solo los segmentos de cadenas de valor de menor jerarquía técnica.
La combinación de todos esos factores hace que nuestro dilema, con la actual estructura productiva, sea:
Si queremos salarios dignos no conseguimos la plena ocupación, porque las trasnacionales de producción de bienes de consumo se instalan aquí solo para satisfacer nuestro mercado interno y aquellas que explotan nuestros recursos naturales, los exportan con el menor valor agregado posible, para dar ocupación a sus ámbitos de origen.
Si admitimos bajar los salarios en dólares – devaluamos -, tampoco conseguimos plena ocupación, porque el primer grupo de trasnacionales – las que se ocupan del mercado interno – pierden interés en atender nuestro consumo y no nos usarían como plataforma para exportar a menos que tengamos salarios como Indonesia o Filipinas. Las que explotan recursos naturales, a su vez, ganarían mucho más dinero, pero aunque ampliaran sustancialmente su labor no tienen capacidad de ocupar a toda nuestra población activa.
Finalmente, como tercera vía, si admitimos tener una desocupación del 7/10%, además del deterioro de la calidad de vida general, no tenemos recursos para asistir a los excluidos, ya que la productividad media de la economía no permite recaudar los impuestos suficientes.
En ningún caso, el horizonte es próspero si la producción en general y la comercialización de bienes masivos en particular, son controladas por un puñado de grandes corporaciones, la mayoría trasnacionales. En tal marco, no debe sorprender que la economía argentina encuentre un límite de prosperidad relativa después de lo mucho logrado desde 2003.

EL CORTO Y EL LARGO PLAZO

A continuación no se planteará una propuesta completa para controlar la inflación y alcanzar el pleno empleo. Eso constituye todo un conjunto de políticas, que excede lo alcanzable en un documento breve.
Se evaluará como acotar el problema de la concentración y la transnacionalización, entendiendo que de tal modo se aporta – y mucho – a la solución de los dos temas antes mencionados.
Eliminar, o al menos atenuar fuertemente el flanco débil expuesto no es tarea de un día ni de unos meses. Implica ni más ni menos que conducir al actual capital concentrado en una dirección más útil para el conjunto y a la vez fortalecer un sector nacional que lo complemente y progresivamente lo reemplace.
Como una prueba muy actual de la necesidad de pensar en términos de largo plazo, podemos examinar las restricciones coyunturales aplicadas a la remisión de utilidades y regalías al exterior, durante 2012.
Para las estadísticas, eso implicó un aumento de las inversiones externas hasta 12.000 Millones de dólares, 27% más que el año anterior y un porcentaje de reinversión de utilidades del 65%, más que duplicando lo habitual, del 30%. Para los observadores en detalle, sin embargo, significó que las empresas compraron otras empresas proveedoras o clientas pyme, además de inmuebles, como seguro de valor, sin una importante inversión productiva incremental, a la espera de girar esas sumas más adelante, a lo cual legalmente tienen derecho, ya que nada se modificó en la ley de inversiones externas.
Negociar con el poderoso, en un marco legal que lo favorece, es como tirarse al piso en un partido de fútbol para ganar tiempo. Es fugaz.
Una manera más sólida de avanzar encuadrando a esas corporaciones es:
a) Establecer que todas las empresas trasnacionales deben tener al menos balance externo nulo, contabilizando exportaciones de bienes de su producción, importaciones directas, importaciones de sus proveedores incorporadas a sus productos, giro de utilidades, regalías, intereses y/o cualquier otro pago al exterior.
b) Para las empresas que operan en sector agropecuario, minero o petrolero y que son exportadoras, deben agregar al balance anterior un balance más restringido. Los giros de utilidades, regalías, intereses y pagos por servicios de cualquier tipo al exterior no deben superar el valor de las exportaciones de productos de la empresa que sean bienes finales o componentes que se incorporen como tales a un bien más complejo. Es decir: las exportaciones de bienes que no sufren una manufactura posterior para ser consumidos o utilizados en un bien final.

Estas obligaciones permanentes, que seguramente deberían aprobarse por una ley modificatoria de la ley de inversiones extranjeras, mejorarían – con los plazos de adecuación técnicamente aceptables – la estructura del sector automotriz o del electrónico de Tierra del Fuego; toda la cadena de valor de la minería; por mencionar sectores muy relevantes, determinantes del actual balance de pagos externos del país.
Volviendo al principio del documento, esto tendría un efecto evidente en la ocupación de jerarquía y al eliminar la presión sobre la necesidad de divisas externas, mejoraría las expectativas económicas globales. Se trata, ni más ni menos, de poner la inversión externa al servicio del desarrollo comunitario y no a la inversa.

En cuanto al sector comercial de bienes de consumo masivo – los hipermercados – se reitera con fuerza lo ya propuesto en un documento anterior:
Cada unidad de venta minorista con superficie mayor de 3000 m2 debería entregar un comodato un mínimo de 5% de esa superficie, enteramente equipada, a una Comercializadora de Productos de la Economía Popular, que debería funcionar de manera independiente del hiper, compartiendo el beneficio de concentración física de la demanda que caracteriza la nueva estructura comercial minorista.
La equidad de la medida y su posible efecto de control inflacionario, así como su efecto en la ocupación, sobre todo del interior más pobre, resultan del todo evidente, como para extenderse en su fundamentación.

CONCLUSIÓN
Estamos en un tiempo paradojal. Aparecen flancos débiles del modelo económico implementado por el gobierno popular. Pero esos flancos solo pueden ser corregidos desde la reflexión y la discusión al interior del mismo espacio político, ya que las soluciones liberales no harían más que agravar los problemas.
Se hace necesario un avance sobre la concentración y la trasnacionalización, poniendo un marco claro para la actuación de las corporaciones, que sea permanente y estructural. Lo arriba expuesto va en ese sentido.

EMM/ 21.5.13

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