EL CALVARIO DE LOS BIENES DE CAPITAL

Se presenta una evaluación de la medida anunciada sobre importación de bienes de capital y una propuesta complementaria.

LOS BIENES DE CAPITAL: NUDO DE POLÍTICA INDUSTRIAL

Patricia Valli informa en BAE (esa es mi fuente), que se ha de modificar el régimen de importación de bienes de capital. Parece un tema árido y esencialmente técnico. Sin embargo, es central para una política industrial.

La industria de bienes de capital es crucial para que un país tenga cadenas de valor con razonable autonomía técnica y económica. La década de los ´90 hizo estragos en un sector que supo ser muy fuerte y que incluso dispuso de protecciones especiales efectivas y hasta exageradas, como cuando Aldo Ferrer, en rol de Ministro de Economía, estableció el Compre Nacional.
Llegados al siglo 21 la balanza comercial de estos bienes es muy deficitario, ya que se importaban – y se importan – más bienes que la suma de los que se producen aquí, tanto para mercado interno como para exportación.
Para peor, hay una presión cultural de todos los que no producen bienes de capital, incluyendo el agro y todo el resto de la industria, que sostienen que el costo de los equipos para una nueva instalación deben ser lo más bajos posibles y no cargarse con impuestos.
El mecanismo que se creó durante la gestión de Domingo Cavallo en 2001 y se perpetuó hasta ahora fue el de compensación de costos. El arancel de importación, tanto de Mercosur como de afuera es 0% y a los fabricantes nacionales se les otorga un bono de subsidio, por cada venta que hacen, del 14%, lo cual en principio le daría a la producción local esa ventaja impositiva.
Ante la política general de eliminación de subsidios, el gobierno elimina ahora ese 14% y busca compensarlo con dos acciones:
. Fija un 14% de arancel para las importaciones extra Mercosur. El arancel Mercosur, por supuesto debe quedar en 0% por los límites del convenio regional.
. Fija el IVA, que estaba en 10,5%, en el 21%. Esto da una protección adicional a los fabricantes respecto de los importadores, porque éstos últimos deben absorber el impuesto completo, mientras los primeros, compran materiales y componentes con IVA.
Veamos los resultados.
El Gobierno se ahorrará 1400 Millones de dólares del bono fiscal que otorgaba.
Las importaciones de bienes de capital serán entre un 10% más caras (las de Brasil) y un 25% más caras (las de otro origen). La diferencia aumentará la financiación del Estado casi en su totalidad.
Los fabricantes de bienes de capital en teoría tendrán una protección análoga a la situación anterior y además evitan un sistema engorroso que se presta a situaciones equívocas en su tramitación. Además se les promete una línea de crédito abundante y barato.
¿Entonces está todo bien?
Un macroeconomista diría que es una medida que resta estímulo a las inversiones, porque encarece los bienes que no se fabrican aquí, que son la inmensa mayoría. La Cámara de Importadores ya lo ha dicho. Francamente creo que el perjuicio se concentrará en los pequeños proyectos, ya que los grandes en una economía concentrada controlan su cadena de valor de tal forma, que se arreglarán para pasarle el problema a otro. Lo que es cierto – no lo dudo – que se trata de una medida más en que el proceso de concentración de la economía no aparece como problema.
Falta además, me parece, la voz de los fabricantes de base, los fierreros apasionados por diseñar y construir máquinas que resuelvan problemas productivos de los más diversos tipos. El gran Buenos Aires y toda ciudad grande o mediana del interior aún los cuenta por miles.
Buena parte de esa gente diría – me convierto en abusivo vocero – que una vez más, como a lo largo de casi 40 años, solo se habla de costos. Nunca de tecnología. El supuesto de los economistas es que todo empresario es en rigor un inversor en busca del lucro, sea haciendo salamines o tornos. Eso no es así. Aunque el lucro esté presente en la ecuación, la capacidad de diseñar un producto que fabrique algo o resuelva un problema en una línea, necesita de saber y de arte. Nunca – nunca – se ha promovido ese componente. Nunca se esbozó siquiera un régimen de desgravación plena de la investigación, desarrollo y producción de equipos piloto en bienes de capital; o se estableció un subsidio para comprar tecnología afuera; o se hizo seminarios prolongados y profundos para identificar bienes críticos y cuales son los ámbitos universitarios o del resto del sistema de ciencia y técnica que pueden asociarse con los actores nacionales, financiados íntegramente por el Estado. Se puede seguir y seguir.
En lugar de todo eso reiteramos la receta del crédito barato como pivote central. No deberemos sorprendernos si los sujetos de crédito son filiales de multinacionales, para ensamblar aquí, sin sumar tecnología a la cadena de valor. Y lo peor es que a eso lo seguiremos llamando producción nacional.
17.2.2012

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