CONSTRUIR AUTOPISTAS PARA EL DÓLAR

CONSTRUIR AUTOPISTAS PARA EL DÓLAR
La restricción externa está nuevamente entre nosotros. Creíamos que habíamos dejado atrás los momentos en que las divisas generadas por exportaciones y por inversiones extranjeras se hacen insuficientes para pagar las importaciones, el servicio de la deuda externa, los giros por utilidades y regalías, el turismo en el extranjero más la vocación de atesorar dólares de los argentinos. Pero no. Reaparece la cuestión y nos frena el crecimiento.
Con el problema, también resurgen las viejas propuestas.

Tomemos deuda externa, nos dicen. Total, en la última década redujimos la deuda en divisas a menos de 60.000 Millones de dólares y podemos cargar nuestra mochila de nuevo, tirando el problema hacia adelante.
Devaluemos, nos dicen otros. Eso no expandiría de manera importante nuestras ventas al exterior, porque vendemos muchos productos primarios, cuyo volumen disponible no cambiaría, pero encarecería las importaciones y bajaría su demanda por una sociedad cuyo salario real disminuiría. Retomaríamos aire, si bien a expensas de la calidad de vida general.
Busquemos inversores extranjeros, suman algunos. Como tenemos riquezas naturales importantes, traer inversiones para extraer petróleo y gas de fuentes convencionales o no convencionales parece viable. Solo que el nerviosismo general en el país y en el exterior, seduce a funcionarios y líderes políticos para crear climas excepcionalmente favorables para esos inversores, como el que se prevé con la reforma de la ley de hidrocarburos. No sea cosa que no vengan. El resultado es que podemos tener las divisas, pero cediendo gran parte de la renta de negocios que podemos calificar de fabulosos.
Mientras tanto, paradojalmente, muchos miles de argentinos buscan un dólar donde sea y lo pagan lo que sea, para ponerlo bajo el colchón o en una caja de seguridad o en la casa matriz del banco internacional que tiene aquí una puertita lateral, a la que conoce un amigo, que nos lleva allí para firmar los papeles. Décadas de ciclos repetidos llevan a buscar refugio en el dólar con la misma naturalidad con que nos cepillamos los dientes cada mañana. Se dice que hay más de 200.000 Millones de dólares en manos de argentinos, en estas condiciones. Se dice, porque no podemos saberlo con precisión.
Algo estamos haciendo mal. No es porque seamos los únicos con este problema. En Sudamérica el único país con cuenta corriente externa positiva, que no tiene que buscar expandir la inversión extranjera o la deuda es Venezuela. Y eso por el enorme caño de salida de petróleo. Todos los demás, con sus elementos singulares propios, piensan todo el tiempo en la bendita restricción externa.
Reitero, sin embargo: algo estamos haciendo mal en la Argentina. La sola recuperación del autoabastecimiento energético representa para nuestro país la posibilidad de destrabar las cuentas externas y poder pensar con serenidad como sumar valor en el mediano plazo a nuestras exportaciones primarias; reducir la sangría de divisas por el sector automotriz o el electrónico; reducir la importancia relativa de las corporaciones multinacionales en la industria y el agro. Con el desendeudamiento externo alcanzado, si además desatamos el nudo de la energía, se nos abre la puerta para pensar y actuar con calma en los próximos años sobre los otros flancos. Para lograr eso, sin embargo, no parece necesario volver al discurso de maximizar los beneficios posibles a las inversiones extranjeras.
Hemos recuperado el control nacional – por parte del Estado, además – de la mayor empresa petrolera del país. Tiene una gestión técnicamente sólida que le permite avanzar sobre las formas nuevas de extracción con tecnología propia. Necesita mayor inversión, pero es tan buen negocio que inversores que andan con la lupa por el mundo, como George Soros, ya tienen casi 500 Millones de dólares en acciones de YPF. Esta vez corresponde decir que por algo será. Nada impide a YPF apelar a los compatriotas que tienen encanutada una enorme masa de dólares como inversores preferenciales, en lugar de recorrer el mundo buscando inversores extranjeros a los cuales otorgarle beneficios superlativos.
Veamos un escenario concreto. YPF dice necesitar 30000 Millones de dólares para poner en valor Vaca Muerta. Si emitiera acciones sin derecho a voto – para no perder el control societario- , o bonos negociables de largo plazo, adquiribles y cotizables con dólares, con retorno garantizado básico de 5% anual y una remuneración adicional posterior para llegar a la tasa de ganancia de cada ejercicio, ¿alguien cree que desde los bancos hasta mi vecino Juan no harían cola para comprar? Si a eso le agregara como frutilla del postre que el 20% de la inversión cada uno la podría completar en pesos a la paridad oficial del dólar, con lo cual se atendería gastos locales, ¿la cola no se convertiría en manifestación?
Seguramente se debería poner como condición que esas acciones o bonos cotizarían solo en las Bolsas argentinas, para que las divisas no vayan a parar al exterior, pero se lograría varios objetivos simultáneos:
a) Destrabar la restricción externa.
b) Capitalizar YPF con ahorro argentino, que si recibiera una renta final del 10% anual en dólares, significaría disponer de 3000 Millones de dólares anuales cada año, durante décadas, para invertir en el país, que de otro modo se irán como utilidades de los inversores extranjeros.
c) Cambiar el clima de pertenencia de los inversores, que en lugar de ser temerosos ocultadores de dólares pasarían a ser orgullosos copropietarios de la mayor empresa argentina.
d) Crear un potente modelo de inversión para el crecimiento, que se puede replicar en varios planos, empezando en forma inmediata con la energía de origen eólico.
Tengo una sola pregunta final: ¿Dónde compro?
Enrique M. Martínez
info@producciónpopular.com.ar
2.10.2014

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