ARTESANÍA COMO TECNOLOGÍA PARA EL DESARROLLO LOCAL

El título de la nota es la consigna central de trabajo de la Escuela Provincial de Artesanía “San Juan Bautista” de Catamarca.
En la vorágine de las grandes ciudades, preocupadas por las riñas políticas, el euro, el subte y tantas otras cosas acumuladas, puede pasar desapercibido un desafío conceptual como el que plantea esa frase, por lo que es necesario explicarla con detalle.

Para las multitudes urbanas las artesanías son trabajos manuales realizados sobre materiales de cada lugar, con un fin decorativo o artístico o de uso ocasional. Desde las muy baratas macetas de cerámica hasta las carísimas prendas de pelo de vicuña, todo está encuadrado en una categoría de uso no habitual, colateral o prescindible, que apela esencialmente a la estética; en el límite, a la solidaridad con quienes dominan técnicas ancestrales, pero han quedado fuera del mercado.
Sin embargo, cada una de esas actividades eran parte de la vida cotidiana de los pueblos con historia de trabajo artesanal. Los utensilios, las prendas de vestir al humano y al caballo,la vivienda, el mobiliario, ni que hablar de los alimentos, se producía con las manos y con saberes transferidos por vía oral durante generaciones.
¿Qué pasó?
Pues que la producción para el mercado, dejó al margen la mirada de producir para satisfacer necesidades comunitarias. Solo tiene posibilidad de éxito lo que es un negocio. En tal contexto, cada cosa que la industria artesanal producía se encontró con la posibilidad de ser sustituída por otra con uso de otros materiales, con procesos de producción menos respetuosos con el ambiente, con posibilidad de ser realizadas en industrias con máquinas muy ahorradoras de trabajo. En ese cambio, ninguna estructura, de ningún nivel político o social, se puso a pensar cómo se podía organizar de manera más “científica” la producción de cuero curtido al tanino, que evitara la invasión del cuero al cromo; como se podía sistematizar la tarea en cerámica de cada localidad para que produjera con calidad adecuada los elementos de uso cotidiano y no solo vasijas; como se podía contar con la leche y los subproductos a partir de tambos con 20 vacas, en lugar de consumir leche en polvo traída de 1000 kilómetros de distancia.
Lo artesanal quedó arrinconado contra la historia. Los que definieron lo bueno y lo malo en términos productivos lo ubicaron como “industria cultural”, dejando el presente para lo otro, para los negocios. El “pasado” se considero – y considera – que no sirve siquiera como inspiración para el presente.
En Catamarca, eso se ve de modo tan patente que hasta cuando se quiso implantar olivos en superficies enormes, fuera del alcance de inversión de los pequeños productores, se ignoraron las variedades locales, adaptadas por siglos y se cometieron errores groseros, que han llevado a la necesidad de replantar grandes superficies.
La artesanía como tecnología para el desarrollo local es una frase a la que no le falta ni sobra una palabra para expresar el desafío conceptual de muchas regiones argentinas. El mentor de la Escuela, Roberto Nolano, junto con su grupo de luchadores, tienen claro el problema. Producir con eficiencia buena parte de lo que se consume y se utiliza localmente, es posible y necesario. Es imprescindible, no solo si queremos construir un verdadero tejido social que incluya a todos, sino si queremos entender el desafío de todo pueblo de ir haciendo futuro a partir de su gente y su historia.
El aluvión de las grandes urbes, que asumió – y asume – con toda naturalidad un capitalismo de consumidores, se ha dado hasta ahora permiso para mandar la industria artesanal al estante de las curiosidades. Ese mismo aluvión no advierte, en ese proceso, que cuando consume IPad, celulares sofisticados, productos nanotecnológicos, semillas patentadas en el exterior,está recorriendo un camino paralelo al que ellos obligaron a recorrer a los artesanos. Solo que en este caso, los ignorantes, los que serán desplazados por los saberes ajenos, los que quedarán limitados a los trabajos de menor jerarquía con aspiración de supervivencia estricta, son ellos. No será cuestión de unos pocos años ni tal vez lo sufran en vida. Pero su desprecio por la historia y por la posibilidad de construir desde la propia gente de cada lugar, los condena. Sin remedio.

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