ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE LA ECONOMÍA SOCIAL,levemente atormentadas

¿DEFENDER LA ECONOMÍA SOCIAL O CONSTRUIRLA?

 

En el ámbito público hay varios ámbitos que buscan defender a la economía social. También en el ámbito privado, hay organizaciones que se dedican a la capacitación, a la contención, a la búsqueda de recursos públicos para quienes están llevando adelante la pelea diaria por la subsistencia.

Cuando se trabaja conociendo con algún detalle las aspiraciones de las organizaciones productivas de la llamada economía social, sin embargo, aparecen algunas preguntas de base. Es necesario tener respuestas claras para ellas si se quiere ser útil en espacios de colaboración.

¿Qué quieren quienes dicen pertenecer a la economía social?

¿Quieren encontrar un modo de vida transitorio, mientras se logra una integración plena en la economía de mercado?

¿Será en cambio definir un modo donde el  lucro, o en todo caso la alienación – “trabajar para vivir”- , no sean ni metas ni componentes centrales?

¿En el segundo caso, en que se diferencia ese modo de trabajar y de vincularse con el resto de la comunidad, con respecto a una empresa tradicional?

Estoy hablando de la subjetividad de los trabajadores de talleres de costura, de cooperativas de cartoneros o de empresas recuperadas o tantas otras formas de lo que se conoce como economía social.

 

Hay una fracción muy relevante de los miembros de la economía social que están viviendo por debajo de una línea de subsistencia personal y familiar y su búsqueda es de ingresos, ante todo. Por eso sus prioridades pasan por conseguir subsidios y mejores oportunidades de cobrar más por sus productos o por sus trabajos actuales. Allí, no aparece para nada clara una motivación diríamos ideológica, de establecer relaciones distintas entre los miembros o con los demás. Quien quiera cooperar en estos ámbitos debe cumplir con la arriesgada tarea de trabajar en dos planos diferentes de manera simultánea:

a)     Conseguir el apoyo económico esperado y necesario.

b)    Profundizar el análisis de el o los emprendimientos involucrados para entender su viabilidad y eventualmente recomendar correcciones.

Es posible – es solo una alternativa entre tantas – que en una segunda etapa de trabajo, más serena y montada sobre una situación económica con mejores perspectivas, se pueda elaborar variantes de algún grado de colaboración horizontal con otros espacios.

 

Hay otra fracción del universo, a mi juicio menor en dimensión, que pone la cooperación en un escalón más elevado, que advierte a este atributo como un componente necesario y a la vez deseado. Esta posibilidad se da especialmente cuando se vinculan emprendimientos que producen bienes distintos y tienen en común clientes poderosos; o cuando emprendedores muy pequeños producen bienes de consumo final y ven la posibilidad de agruparse para comerciar. Es decir: cuando la cooperación tiene una relación práctica concreta y directa con un beneficio para cada uno de los participantes.

Todo lo que un colaborador pueda hacer para descubrir escenarios de esta característica será positivo para inducir lógicas nuevas de trabajo.

 

Ante lo señalado, parece importante la necesidad de tener presente que la economía social no es una actividad productiva que se desenvuelva en un espacio por fuera o por encima de la economía de mercado capitalista. Cualquier unidad que se analice, tiene clientes y proveedores; tiene socios o empleados que necesitan un ingreso digno; participa de un mercado donde lo más probable es que tenga competidores.  En rigor, hay dos posibilidades, descartando una tercera, que es que se trate de iniciativas fugaces que han de fracasar o disolverse a corto plazo:

a)     El emprendimiento supera sus debilidades económicas y se integra al mercado como una empresa más.

b)    El grupo se consolida en el mercado, pero teniendo como condición necesaria la colaboración, sea al interior de un grupo productivo o entre varias unidades productivas.

Solo la segunda situación puede ser calificada auténticamente como economía social y además solo sus miembros pueden animarse a discutir como cambiar el lugar prioritario que el lucro tiene en nuestra sociedad.

Los emprendimientos que están en el primer grupo necesitan o pueden necesitar asistencia, pero por lo dicho, requieren un tratamiento diferenciado de aquellos del segundo grupo y los colaboradores deben tener dentro de su marco de análisis el hecho que el grupo asistido no necesariamente tiene vocación plena de pertenecer a la economía social.

 

 

PROGRAMA DE TRABAJO PARA PROMOVER/CONSTRUIR LA ECONOMÍA SOCIAL

Que alguien quiera promover la economía social es toda una definición hacia el interior del proyecto.

El trabajo de todos los Ministerios de Acción Social, desde que un ámbito así formó parte del primer nivel de gobierno, incluyendo el actual Ministerio, no podríamos decir que ha buscado de modo sistemático aumentar el número de emprendedores sociales.

Mejor definición haríamos si dijéramos que el sistema de asistencia procura insertar en el mercado a personas o grupos que se encuentran en desventaja para competir. Eso se busca – y a veces se logra – con acciones del más diverso tipo, algunas de las cuales incluyen la asociatividad y una relación distinta con la comunidad a la cual brindan sus servicios.

Por lo tanto, promover la economía social en buena medida implica construirla; no se limita a asistir a quienes  creen que ya forman parte de ella.

Una secuencia simple de trabajo, en tal caso, será:

 

1 – Contar con un área capacitada para determinar la pertenencia de la iniciativa a un escenario transitorio o permanente de economía social y su viabilidad económica en cualquiera de los dos casos.

 

2 – Caracterizar escenarios de cooperación que fortalezcan proyectos y sistematizar su diseño e implementación:

 

. Ferias de productores.

. Comercialización textil colectiva.

. Distribución de productos de la economía social.

. Compras comunes.

. Integración vertical en cadenas de valor.

. Tecnologías blandas en industrias de proceso.

. Comercialización común de bienes intermedios en la Industria Metalúrgica o de procesos en general.

 

3 – Articular con organismos públicos de apoyo económico y financiero la relación de esos instrumentos con la formulación de un plan director para cada unidad asistida.

 

Emm/14.10.12

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