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NOSOTROS Y ELLOS: COMPLICADA DEFINICIÓN

NOSOTROS Y ELLOS: COMPLICADA DEFINICIÓN
Nada tan discriminador como el poder. Si ese poder viene desde la historia y se fundamenta en la estructura económica de siglos, mucho peor, porque establece la discriminación como un hecho natural, que funciona en cascada, donde el discriminado a su vez discrimina a quien aparece – o puede colocar – en una escala social inferior. Los cabecitas negras, las migraciones internas de centenares de miles de mujeres a trabajar en casa de señoras bien, son apenas los emergentes más conocidos de una lógica social que nace casi con la Argentina. Consistente con eso, pero menos conocido y hasta sorprendente, es viajar a Tartagal o al este de Salta y conocer en detalle como los criollos más pobres, aquellos corridos de su tierra por grandes terratenientes, sin embargo consideran inferiores a los indígenas y admiten su lenta agonía en reservas de crueldad mayor.
Al peronismo del ´45 le tocó – o tuvo la habilidad de – correr el eje de la discriminación tratando de construir un paraguas abarcador de toda la Nación, que estuviera por encima de los conflictos internos. Braden o Perón no era una consigna personalista, a pesar de su apariencia inmediata. Era el equivalente de imperialismo o Nación, que buscó – y por unos cuantos años consiguió- integrar a los más débiles dentro de un colectivo a defender en bloque. El adversario imperial lo era del trabajador, del peón de campo o del empresario nacional. De todos.
En ese escenario “nosotros” éramos los argentinos y “ellos” eran las potencias dominantes, sobre todo Estados Unidos. La contradicción principal estaba clara.
Sesenta años después, en el mundo global y concentrado, que tiene en jaque a las nacionalidades, esa simplificación útil para muchos procesos de consolidación nacional, ya no es posible en casi ningún país. De tantos subproductos negativos, uno no menor es que vuelven a ser hegemónicas en la vida comunitaria las discriminaciones internas. Para peor, éstas son una gama más diversa y más aguda que las de hace medio siglo, en un contexto de movilidad social mucho más acotado que en tiempos del “aluvión zoológico”.
Resulta así mucho más complicado definir y luego comunicar a quién considerar “nosotros” y quienes son “ellos”, si es que con esos términos se quiere abarcar universos de mínima homogeneidad.
Si hablamos del campo nacional y popular, por ejemplo, ¿qué queremos decir? Es un término que remite al peronismo histórico. Pero ¿qué deberíamos tener en cuenta para no traicionar esa historia? El único modo de superar el desafío del paso del tiempo es tratar de ser coherente con los objetivos, siendo capaces de separar éstos de las formas o los métodos. O sea: Traducir a hoy y ahora las consignas de soberanía política, independencia económica y justicia social.
La lista de atributos de esa condición se debe hacer y debatir y compartirlas es lo que debiera definir el “nosotros”. A mi criterio, cualquier otra segmentación de la realidad confunde y termina beneficiando – aunque en primera instancia no se advierta – a quienes ejercen el poder tradicional.
Tan confundidos estamos al respecto que jugamos muchas cartas a cualquier confrontación que termine en primera página de un diario, mientras somos casi indiferentes – como sociedad – a la política de la gran minería o a los efectos de una ley petrolera que beneficia al capital extranjero más allá de cualquier antecedente.
¿Quiénes son Ellos”? ¿Son un puñado de fiscales de dudosa conducta detrás de los que se alinea otro puñado de políticos de ningún respeto por lo popular y juntos convocan a una confrontación de desgaste electoral? ¿O son los que quisieran vaciar a toda velocidad cada yacimiento minero a explotar; quienes piden y consiguen beneficios extraordinarios para sacar petróleo; los que monopolizan sectores enteros de nuestro mercado interno; los bancos que aumentan año a año sus ganancias más que cualquier sector? ¿O son los que se han apropiado de tierras en todo el norte argentino que ni siquiera hacen producir, condenando a la muerte lenta a comunidades completas?
Me queda claro que este debate – que aquí se propone – está perdido de antemano. Simplemente, lo pongo sobre la mesa, porque no puede ser para siempre. Los problemas estructurales no pueden quedar ocultos detrás de los más diversos y aviesos maquillajes, con pasividad de nuestros compañeros, que se anotan en conflictos reales pero secundarios, que tapan los temas de fondo, de los que nunca nos ocupamos.
Nosotros somos muchos, la gran mayoría. Ellos son pocos, inteligentes y muy poderosos. Como será que consiguen que siempre discutamos lo secundario.
Enrique M. Martínez
Instituto para la Producción Popular
16.2.15