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¿QUÉ VOTAR EN 2015?

Hace ya mucho tiempo que grandes sectores de la población toman la decisión de votar en elecciones presidenciales a partir de afinidades o rechazos personales con el principal candidato, ante la atonía permanente de los partidos políticos, que alguna vez – hace ya demasiado tiempo – fueron los contenedores ideológicos. En el mejor de los casos, se conoce lo que dice el postulante sobre los temas que a uno más le interesan y en muchos otros, la opción tiene que ver con rasgos de la personalidad que puedan ser elogiables o simpáticos o por el rechazo que generan sus eventuales adversarios.

Hay que navegar en esos mares, que tienen que ver con un descrédito general de la política, producto de promesas incumplidas y traiciones varias, además del comportamiento auto referencial de cierta clase media.  Sin embargo, en 2015 habrá un escenario con algunos matices propios, que invita – y necesita – de la profunda reflexión por parte de quienes nos interesamos por la política. En efecto, el Frente para la Victoria llegará a ese momento con un camino recorrido de más éxitos que fracasos, aunque algunos de éstos hayan afectado a sectores con presencia importante en la opinión general. Y lo hará con un liderazgo político que ha concentrado hasta las decisiones más elementales, que además no tiene una estructura reconocida de poder que la secunde y no podrá ser candidata. El efecto combinado de esos factores es que aparecen precandidatos del espacio que apuntan a capitalizar los éxitos; a señalar tibiamente las correcciones necesarias y a avanzar en la instalación en el conocimiento de la comunidad, partiendo del supuesto razonable que la concentración de poder en manos de Cristina Kirchner se irá diluyendo hasta aceptar que las PASO definan la candidatura del espacio o – lo que es más o menos lo mismo – busque bautizar una lista de unidad detrás de algún candidato claramente favorito.

Todos los postulantes oficialistas llevan ya más de 20 años de participación en contiendas electorales democráticas y conocen en detalle las rutinas de estos ámbitos, por lo que lo señalado más arriba no mueve el amperímetro demasiado a ninguno de ellos. Interpretan que es una pequeña variante de la puja standard y por lo tanto, allí van, a puro marketing, solo que diciendo lo contrario de aquellos que intentan lo mismo desde la oposición.

El país, sin embargo, necesitará otra cosa el año próximo. Desde 1983 hasta 2003 los gobiernos se plantearon metas distintas, que bien vale la pena discernir, pero tuvieron algo en común : Aceptaron que el sistema financiero internacional era hegemónico en el mundo moderno y que había solo dos opciones; pelear para vivir con cierta independencia dentro de sus reglas o lisa y llanamente entregarle la conducción del Estado. Raúl Alfonsín intentó lo primero y Carlos Menem lo segundo y ambos fracasaron si es que aspiraban a tener un horizonte político y social estable.

Desde 2003, en cambio, un objetivo de base fue lograr la independencia de los rectores de las finanzas del mundo y decidir libremente las políticas macroeconómicas. Se acertó y se erró. Pero la meta se alcanzó. Buena parte de esa libertad se utilizó para mejorar la equidad social, a través de promover el consumo interno mediante aumentos salariales masivos y subsidiando a los sectores con menor o nula integración al mercado de trabajo. Este conjunto de instrumentos encontró su límite, como se fundamenta en otro documento de esta hoja (LA DEVALUACIÓN NACIONAL Y POPULAR …) y en esta instancia histórica se plantea una disyuntiva similar a la del período anterior, pero agregando otra hegemonía a cuestionar: la de las corporaciones trasnacionales sobre nuestro sistema productivo de bienes y servicios y nuestro sistema de comercialización.

De un modo que puede parecer esquemático, pero resume bien el cruce de caminos, las opciones son:

1 – Creer que se puede administrar mejor un escenario como el actual, que no cuestiona la concentración y trasnacionalización productiva y comercial.

2 – Creer que hay que devolver el peso estructural al sistema financiero global y por supuesto no cuestionar la concentración productiva gemela, volviendo a las políticas donde las decisiones importantes en cualquier plano estaban fuera del Gobierno.

3 – Advertir que resulta imprescindible, para aspirar a conservar y profundizar las mejoras en la equidad social, consolidar la independencia del poder financiero internacional y además democratizar y argentinizar el sistema productivo y comercial.

La primera opción la podríamos llamar de continuidad kirchnerista pura.

La segunda es lisa y llanamente el regreso al liberalismo, que en los 90 encarnó el gobierno de Carlos Menem.

La tercera es la que la hora necesita. Se trata de superar las limitaciones evidenciadas en estos últimos dos a tres años. Resulta evidente que solo podrá estar a cargo de quienes asuman los importantes hechos positivos de la década y comprendan la necesidad de ir más allá. Se trata de la actualización del proyecto peronista/ kirchnerista.

Quien pretenda ser candidato eludiendo o ignorando el debate entre las fortalezas y debilidades de los tres caminos señalados y se refugie en el marketing político tradicional, puede ser que intente recorrer el primer sendero, lo más probable es que siga el segundo y con toda seguridad no optará por el tercero, que es el más difícil y necesario, y por lo mismo debe ser discutido y explicitado con más fuerza que ninguno.

Hasta ahora efectivamente aparecen candidatos que podríamos llamar menemistas explícitos ( Sergio Massa o Mauricio Macri) o menemistas implícitos ( Daniel Scioli), cuya diferencia está en hablar desde afuera del kirchnerismo o formalmente desde adentro. Todos ellos están cumpliendo con el libreto de los candidatos a recorrer la segunda opción.

Aparecen además tibios exponentes de la continuidad pura, pero ninguno señala expresamente la necesidad de profundizar, por qué y cómo. Hay tiempo. Pero además de usar el tiempo disponible, necesitamos asumir el dilema de fondo. Es el angosto camino entre la consolidación, la defraudación, la resignación o la traición. Estamos todos en este barco.

Enrique M. Martínez

25-3-14