LA RESIGNACIÓN, NUESTRA ENEMIGA COMÚN
“A path appears – Tansforming lives, creating opportunity “(Aparece un sendero – Transformando vidas creando oportunidades) de Nicholas Kristof y Sheryl Wudunn, es un típico libro de cierta escuela sociológica norteamericana, que evita los axiomas y las definiciones ideológicas tajantes. Todo lo que se afirma busca fundamentarse en experiencias de campo, en estudios de conducta de personas y grupos, con la mayor cantidad de resultados que se puedan medir.
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¿CÓMO AYUDAR DE VERDAD?
En la política se puede trabajar detrás de infinidad de zanahorias distintas.
Los ciudadanos que no se involucran en política, ni siquiera como observadores atentos, tienden a pensar que el principal móvil de los que participan en política es acceder a beneficios personales, que no necesariamente son económicos, que también tienen que ver con lo que podríamos llamar el disfrute del poder.
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APRENDIENDO A ANDAR EN LAS PASO

Un modelo teórico seductor en cuanto a la promoción del debate y la participación más amplia de los ciudadanos en la política, como son las PASO, va haciendo las primeras experiencias, que tal vez sirvan para que todos conozcamos su potencial y las aprovechemos debidamente. Hará su debut en CABA y allí estrenarán a la vez el instrumento el FpV y el PRO. En pocos meses más en las PASO nacionales todo indica también que el FpV tendrá la primera competencia entre candidatos a la Presidencia.
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EL DISCURSO DE LA PRESIDENTA Y SUS DOS RELATIVOS
Toda persona con vocación de analizar el discurso de la dirigencia política, muy en especial cuando quien emite el discurso ejerce un liderazgo nacional o continental, debe eludir la tentación de plantear su tarea tomando como referencia marcos absolutos o teóricos que definirían el deber ser de un gobernante. Ese error no se debe cometer, no solo porque sería imposible justificar el derecho de cualquiera a creer que se dispone de atributos para mirar una sociedad desde algo más arriba que el resto de los ciudadanos. Tampoco se puede cometer porque una correcta interpretación de la historia debería sumar a cualquier marco teórico todos los componentes que hagan a su viabilidad de implementación en términos relativos, para un país y para un momento histórico.
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NOSOTROS Y ELLOS: COMPLICADA DEFINICIÓN
Nada tan discriminador como el poder. Si ese poder viene desde la historia y se fundamenta en la estructura económica de siglos, mucho peor, porque establece la discriminación como un hecho natural, que funciona en cascada, donde el discriminado a su vez discrimina a quien aparece – o puede colocar – en una escala social inferior. Los cabecitas negras, las migraciones internas de centenares de miles de mujeres a trabajar en casa de señoras bien, son apenas los emergentes más conocidos de una lógica social que nace casi con la Argentina. Consistente con eso, pero menos conocido y hasta sorprendente, es viajar a Tartagal o al este de Salta y conocer en detalle como los criollos más pobres, aquellos corridos de su tierra por grandes terratenientes, sin embargo consideran inferiores a los indígenas y admiten su lenta agonía en reservas de crueldad mayor.
Al peronismo del ´45 le tocó – o tuvo la habilidad de – correr el eje de la discriminación tratando de construir un paraguas abarcador de toda la Nación, que estuviera por encima de los conflictos internos. Braden o Perón no era una consigna personalista, a pesar de su apariencia inmediata. Era el equivalente de imperialismo o Nación, que buscó – y por unos cuantos años consiguió- integrar a los más débiles dentro de un colectivo a defender en bloque. El adversario imperial lo era del trabajador, del peón de campo o del empresario nacional. De todos.
En ese escenario “nosotros” éramos los argentinos y “ellos” eran las potencias dominantes, sobre todo Estados Unidos. La contradicción principal estaba clara.
Sesenta años después, en el mundo global y concentrado, que tiene en jaque a las nacionalidades, esa simplificación útil para muchos procesos de consolidación nacional, ya no es posible en casi ningún país. De tantos subproductos negativos, uno no menor es que vuelven a ser hegemónicas en la vida comunitaria las discriminaciones internas. Para peor, éstas son una gama más diversa y más aguda que las de hace medio siglo, en un contexto de movilidad social mucho más acotado que en tiempos del “aluvión zoológico”.
Resulta así mucho más complicado definir y luego comunicar a quién considerar “nosotros” y quienes son “ellos”, si es que con esos términos se quiere abarcar universos de mínima homogeneidad.
Si hablamos del campo nacional y popular, por ejemplo, ¿qué queremos decir? Es un término que remite al peronismo histórico. Pero ¿qué deberíamos tener en cuenta para no traicionar esa historia? El único modo de superar el desafío del paso del tiempo es tratar de ser coherente con los objetivos, siendo capaces de separar éstos de las formas o los métodos. O sea: Traducir a hoy y ahora las consignas de soberanía política, independencia económica y justicia social.
La lista de atributos de esa condición se debe hacer y debatir y compartirlas es lo que debiera definir el “nosotros”. A mi criterio, cualquier otra segmentación de la realidad confunde y termina beneficiando – aunque en primera instancia no se advierta – a quienes ejercen el poder tradicional.
Tan confundidos estamos al respecto que jugamos muchas cartas a cualquier confrontación que termine en primera página de un diario, mientras somos casi indiferentes – como sociedad – a la política de la gran minería o a los efectos de una ley petrolera que beneficia al capital extranjero más allá de cualquier antecedente.
¿Quiénes son Ellos”? ¿Son un puñado de fiscales de dudosa conducta detrás de los que se alinea otro puñado de políticos de ningún respeto por lo popular y juntos convocan a una confrontación de desgaste electoral? ¿O son los que quisieran vaciar a toda velocidad cada yacimiento minero a explotar; quienes piden y consiguen beneficios extraordinarios para sacar petróleo; los que monopolizan sectores enteros de nuestro mercado interno; los bancos que aumentan año a año sus ganancias más que cualquier sector? ¿O son los que se han apropiado de tierras en todo el norte argentino que ni siquiera hacen producir, condenando a la muerte lenta a comunidades completas?
Me queda claro que este debate – que aquí se propone – está perdido de antemano. Simplemente, lo pongo sobre la mesa, porque no puede ser para siempre. Los problemas estructurales no pueden quedar ocultos detrás de los más diversos y aviesos maquillajes, con pasividad de nuestros compañeros, que se anotan en conflictos reales pero secundarios, que tapan los temas de fondo, de los que nunca nos ocupamos.
Nosotros somos muchos, la gran mayoría. Ellos son pocos, inteligentes y muy poderosos. Como será que consiguen que siempre discutamos lo secundario.
Enrique M. Martínez
Instituto para la Producción Popular
16.2.15

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Difundo un material que está a la espera de publicación en Tiempo Argentino. Es de uso interno.

DEFENDER LO LOGRADO
El miedo a perder calidad de vida ha sido usado como herramienta electoral, con variada fortuna para quienes la programaron, durante buena parte del período democrático que comenzó en 1983. Es más, comenzó a ser usado antes. La imagen del cajón exhibido por Herminio Iglesias arrimó seguramente unos cuantos votos a Raúl Alfonsín. Pero consiguió muchos más votos, en 1995, el miedo a los cambios en el crédito fácil. En los comienzos de la campaña de 2015, se plantea, una vez más, el posible uso del miedo como convocante electoral, pero en un contexto nuevo, que vale la pena desagregar.
En efecto: Es la primera vez en 32 años que se acerca una contienda electoral donde la transición se hará con calma institucional y donde quien encarna el liderazgo del proyecto oficial no puede ser candidata. En ese escenario, es lógico que se plantee la necesidad de defender los éxitos logrados desde 2003, incluso defenderlos frente a posibles claudicaciones de algún candidato del propio oficialismo, ya que es éste espacio el que tiene las mejores chances de ganar las elecciones.
El punto es, sin embargo, ¿cuál es la mejor manera de defender lo logrado? ¿Hacemos la lista de aquello no negociable y movilizamos a los beneficiados ante el temor de perderlo? Es posible. Efectivamente, se ha hecho en otras ocasiones, con resultados positivos en las urnas, asociados de manera proporcional a la torpeza de los contrincantes, que en este caso parece importante.
Esa línea, no obstante, marca dos criterios políticos discutibles:
a) Supone que los involucrados deben tener más miedo a perder cosas, que ilusiones de tener algunas nuevas. Es decir: Ya llegaron o, mirado desde la política, ya llegamos. Para mencionar un solo ejemplo que le dé cuerpo a lo que se quiere presentar a debate: otorgar una jubilación mínima de manera masiva a millones de personas, dejadas de lado por las políticas laborales o asistenciales por décadas, es un avance monumental. Ahora bien, ¿no deberíamos plantearnos la forma de crear ámbitos laborales que permitan que esos jubilados – y cualquier otro con una retribución mínima – puedan aspirar a mejorar su condición de vida, y contribuir así a una mejora general? Pagar una jubilación mínima a quien fue explotado toda su vida es un enorme salto de calidad. Queda pendiente el otro salto: conseguir que pueda vivir de sus ingresos. ¿No deberíamos plantear al menos esa esperanza?
b) Supone que el miedo a perder puede mejorar la vocación de delegar en algún dirigente político la administración del futuro. Se parece mucho a manipular voluntades. Manipular no es un verbo compatible con un proyecto nacional y popular, aunque muchas veces no pensemos en ello.
Los directores de fútbol más románticos o temerarios siempre dijeron que no hay mejor defensa que un buen ataque. ¿No es el momento de trasladar este concepto lúdico a una cuestión mucho más crucial para todos nosotros como lo es una propuesta política?
Un buen ataque sería tener planes para que los jubilados que hoy cobran la mínima puedan estar mejor, reduciendo sus costos o mejorando sus ingresos o habilitando para ellos trabajos especiales, con complejos menús.
Un buen ataque sería definir caminos para que los docentes puedan dedicarse a un solo colegio y los alumnos aumentar sus horas de escolaridad. Del mismo modo, los médicos y las enfermeras que quieran, puedan dedicarse a un solo establecimiento asistencial.
Un buen ataque sería dar forma solvente y sólida a una propuesta para la producción popular, definiéndola como aquella que se organiza para satisfacer necesidades y coloca el lucro en un segundo lugar.
Un buen ataque sería eliminar toda connotación asistencialista en el tratamiento de los millones de trabajadores, hoy sin derechos. Y área por área, caso por caso, buscar relaciones de mínima dignidad y de justa retribución, además de asegurarles la posibilidad de una sindicalización hasta hoy negada.
Un buen ataque sería presentar una propuesta para que los temores patrimoniales de la clase media argentina tengan una válvula de escape invirtiendo en grandes proyectos nacionales, en condiciones superiores a las que se les vienen brindando históricamente a los inversores extranjeros.
Un buen ataque sería tener un plan para la construcción de un millón de viviendas populares, a resguardo de toda especulación en tierras.
Dibujar una nueva cancha, en síntesis. Poner a la hinchada a construir el campo de juego, las tribunas y la organización del funcionamiento del estadio. Por ese sendero, defenderemos lo logrado y construiremos una nueva esperanza – que no es utopía – que reemplace a los miedos.
Enrique M. Martínez
Instituto para la Producción Popular

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EL RANKING DE LADRONES
Desde siempre la vida en comunidad ha reconocido la existencia de algunos con más derechos y otros con más obligaciones. La diferencia ha surgido de la capacidad guerrera para defender a la tribu, de los mitos religiosos, de mil razones que instalaron en la conciencia colectiva la legitimidad que algunos tuvieran más poder que otros y usaran ese poder en parte o en mucho en beneficio propio.
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El material que sigue está a la espera de ser publicado en Tiempo Argentino. Es solo de difusión interna

LA TECNOLOGÍA NO ELIMINA TRABAJO. ES LA DEPENDENCIA
En una nota anterior en este diario (Producir y distribuir – T.A. 13/11/14) se sostuvo que la productividad media es en buena medida la que determina el nivel máximo de salario real posible en una economía. Se dijo además que en Argentina esa productividad no supera el 30% de la de países como Estados Unidos, Francia o Australia y que un factor clave para esa diferencia es la hegemonía multinacional en la industria, que deja fuera toda la investigación y desarrollo, así como las tareas mejor remuneradas. Los salarios reales bajos son una condición necesaria para la continuidad y la expansión de la presencia multinacional en el país, por supuesto que para pesar nuestro.
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Este documento está en espera de publicación en Tiempo Argentino. Se difunde solo para uso interno.

PRODUCIR Y DISTRIBUIR
Desde la vida en las tribus más antiguas, los seres humanos saben que su calidad de vida está asociada a la capacidad que la comunidad a la que pertenecen tiene o puede desarrollar para extraer bienes útiles de la naturaleza o agregar valor a lo que extraigan u organizarse para implementar alguna tarea de interés general. En realidad hay dos problemas íntimamente vinculados: Cómo agregar valor social a consecuencia del trabajo de todos y cómo distribuir los frutos de esa tarea.
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LA SOBERANÍA INCOMPLETA
Esta nota está en la cola de publicación en Tiempo Argentino. Es de difusión interna.

La bandera de la soberanía es de antigua data, levantada en cuanto la Nación argentina se vio amenazada por algún imperio. Pasó de la dimensión nacional a ser nacional y popular, durante el gobierno peronista de la posguerra, como idea fuerte que el poder del pueblo, al interior de una Nación independiente, era la meta a defender.
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